Bancos centrales: el Norgesbank sorprende a buena parte del mercado y eleva tipos en 25 p.b. al 4,25%, y el Riksbank se ciñe a lo esperado y los mantiene en el 1,75%

La política monetaria dejaba varios titulares importantes ayer. Por mucho cambio que supusiera el conflicto de Oriente Medio sobre la orientación a futuro de los grandes bancos centrales, hasta el jueves no habíamos visto a ninguno de ellos mover ficha, (salvo el banco australiano, pero éste había empezado ya antes del conflicto). Pero eso cambió ayer cuando el Norgesbank elevó su tipo de referencia en 25 p.b. hasta el 4,25%, una acción que pilló a pie cambiado a una buena parte de los pronosticadores, aunque no a todos. La razón de que se pudiera esperar una subida estaba en que ya en el último encuentro, los responsables políticos enviaron un claro mensaje de tono duro que creíamos que podía allanar el terreno para la subida de ayer. 

Con el IPC en el 3,6%, y, sobre todo, el subyacente en el 3,0%, era lógico pensar que los noruegos podían endurecer su política para hacer frente a los riesgos de que los mayores precios energéticos se trasladen a otras partidas. Si bien en otras áreas del continente los efectos de segunda ronda son menores, los costes salariales más rígidos en Noruega y el mercado laboral tensionado (2,1% de desempleo) hacen que, en la economía nórdica estos efectos son más visibles. De hecho, la gobernadora Wolden matizaba que la subida no se debía únicamente al impacto per se de la guerra, sino que lo que subyace al mercado laboral noruego y al crecimiento salarial. 

Menos sorpresas nos depararon sus vecinos suecos, y es que el Riksbank mantuvo sin cambios en el 1,75% el tipo de interés de referencia, en línea con todos los pronósticos. Al igual que la zona euro o Reino Unido, la economía sueca se enfrenta a riesgos contrapuestos para su política monetaria provenientes del conflicto en Oriente Medio. En la reunión anterior, el banco ofreció diferentes escenarios de inflación relacionados con el conflicto de Oriente Medio y en uno de ellos, una crisis energética prolongada justificaría un endurecimiento monetario a pesar de los riesgos a la baja para el crecimiento. El tener que balancear riesgos a la baja sobre la actividad y al alza sobre los precios, no es sencillo, más debido a la mayor sensibilidad de su economía a los tipos de interés, lo que podría ocasionar que nuevas subidas para responder al repunte de precios energéticos lastraran aún más la actividad económica. 

Por eso dudamos de que en el futuro el banco sueco vaya actuar, más allá de emitir un comunicado con un tono más restrictivo. En este sentido, ya el jueves enfatizó la disposición para actuar en caso de ser necesario, lo que de por sí es una orientación más hawkish. Pero una cosa es avisar y otra actuar, y como decimos, por el momento parece muy poco probable que usen alguna herramienta que no sean las palabras. Eso ayudaría a mantener ancladas las expectativas de inflación, que es donde más se está centrando el banco. Y por esta parte, debemos subrayar que los riesgos de efectos de segunda ronda son menores que en 2022, gracias también a una corona más fuerte. Si a eso le unimos el impacto de las reducciones del IVA sobre los alimentos (cuyo peso en las expectativas es muy elevado) deberíamos esperar que los riesgos sobre los precios estén relativamente contenidos sin alterar la política de tipos.

Intermoney
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