Un océano azul oscuro casi negro

Con el verano vuelven las típicas estampas de playas cuajadas de sombrillas y niños levantando castillos de arena. Veleros surcando el azul luminoso de los mares y los tonos más apagados de los océanos. El espejo de la masa marina del planeta, no obstante, nos devuelve una imagen nada evocadora: todo un ecosistema, desde el litoral hasta alta mar, contaminado por más de 150 millones de toneladas de plástico, la acidificación derivada del dióxido de carbono y el sobrecalentamiento que absorbe, y las prácticas de pesca indiscriminada.

El océano regula el clima. Capta el 30 % del CO₂ generado por el hombre y distribuye el calor a través de corrientes oceánicasProduce más del 50% del oxígeno de la Tierra gracias al fitoplacton. Su biodiversidad, la mayor del planeta, sustenta sistemas naturales, económicos y sociales de los que dependen millones de personas. Alimentos, recursos terapéuticos, materias primas como la sal, arena, minerales, agua…y el velero, la buena vida. El pago por tales beneficios es, por ejemplo, la creación del Gran Parche de Basura del Pacífico, un estercolero de 1,8 millones de microplásticos situado entre California y Hawái. O el máximo histórico de 20,86ºC que el pasado 21 de junio alcanzó de forma global la superficie marina, y que podría destruir especies marinas enteras.

La sensación de ser inagotable por su inmensidad ha colocado a los océanos en un segundo plano de la agenda medioambiental. Hasta ahora. Son muchas las iniciativas que parten de instituciones, públicas y privadas, para devolver a los ecosistemas marinos a través de la regeneración el valor que les hemos arrebatado. La más importante es el Tratado Global de los Océanos de la ONU, que ha tardado 10 años en apuntalarse y entró en vigor a principios de año. Su objetivo es proteger el 30% de las aguas internacionales en 2030, ya que a día de hoy menos del 1% están cubiertas. Su aplicación también permitirá crear “santuarios” o zonas protegidas en alta mar para evitar la degradación de la biodiversidad y garantizar la seguridad alimentaria de la humanidad. 

Europa también empieza a engrosar su agenda oceánica con programas como OceanEye, el European Ocean Pact, vinculados a la observación marina, la restauración de ecosistemas, la economía azul sostenible o la resiliencia costera. Por último, destaca la labor de compañías como Underwater Gardens International, que desde hace años desarrolla proyectos de restauración marina.

 

 

 

 

 

 

 

Julia Pastor
Cuenta con una amplia experiencia en redacción en Consejeros. Anteriormente, trabajó para la agencia de noticias financieras GBA y colaboró en El País Business. Es licenciada en Inglés por la Universidad Complutense de Madrid y posee un máster en Periodismo Financiero.

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