El dato de empleo de EEUU relaja la presión sobre los tipos, según Mutualidad

Trabajador fábrica
(Sam Moghadam, Unsplash)
Macroeconomía Internacional

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El dato de empleo de Estados Unidos se ha convertido en la referencia clave para los mercados. La última lectura revela que no ha sido un buen dato, pero precisamente por no serlo puede ser bien recibido por los inversores. La creación de empleo ha quedado bastante por debajo de lo esperado y, además, el dato anterior se ha revisado a la baja. Esto puede ayudar a relajar uno de los principales focos de tensión de las últimas semanas: la posibilidad de que la Reserva Federal tuviera que aplicar subidas de tipos más agresivas de lo esperado.

Hasta ahora, el mercado venía condicionado por varios frentes. Por un lado, el factor geopolítico parece presionar algo menos, lo que ha tenido un efecto positivo sobre los activos, especialmente sobre la renta fija en los últimos días. Por otro, la sesión del jueves venía más complicada por las noticias procedentes de Japón, donde una muy mala subasta elevó los tipos a largo plazo y provocó un arranque más revuelto en los mercados de deuda. Eso ha interrumpido parcialmente la tendencia positiva que la renta fija venía mostrando en las últimas semanas.

En este contexto, el dato laboral estadounidense introduce un elemento de alivio. Si el mercado estaba preocupado por la posibilidad de nuevas subidas de tipos, un dato de empleo más débil y revisiones negativas en los informes anteriores reducen esa presión. Después de un primer discurso de Kevin Warsh bastante agresivo en materia de tipos de interés, aunque interesante por su defensa de la independencia de la Reserva Federal, ahora podríamos estar entrando en una fase en la que se llame algo más a la calma.

La clave está en que el equilibrio de preocupaciones puede empezar a cambiar. En las últimas semanas, el foco había estado en la inflación y en la necesidad de controlarla. Pero, al hilo de los últimos acontecimientos geopolíticos, la posibilidad de un final definitivo de la crisis en Irán y la bajada del precio del petróleo, las presiones inflacionistas pierden algo de fuerza. Con un dato de empleo como el actual, el crecimiento puede empezar a tomar más protagonismo en el análisis de mercado.

En la Reserva Federal, los primeros pasos de Kevin Warsh parecen confiables. En primer lugar, ha marcado independencia respecto a la Casa Blanca. Parece claro que no va a ser el hombre de Trump en la Fed, sino una persona con una capacidad técnica muy alta. Además, lo que se está viendo en Sintra apunta a una buena coordinación con el resto de bancos centrales, lo que hace que no quepa esperar demasiada distorsión entre las decisiones que puedan tomarse a ambos lados del Atlántico.

La renta variable, mientras tanto, mantiene una racha muy fuerte. Lo está haciendo francamente bien y parece moverse algo al margen del resto de activos. El dato de empleo puede reforzar esa lectura si el mercado interpreta que reduce la probabilidad de un endurecimiento monetario adicional. En otras palabras, un mal dato macro puede convertirse en una buena noticia para los mercados si sirve para alejar el escenario de tipos más altos.

El dólar también recoge esta lectura. El dato de empleo ha erosionado algo la fortaleza reciente del billete verde. En la sesión de hoy, la menor expectativa sobre los tipos de interés derivada de un dato laboral más negativo está modificando algo la tendencia de los últimos días. Aun así, el dólar llevaba varias jornadas, incluso semanas, de fortaleza.

Esa fortaleza reciente del dólar tiene dos lecturas. Por un lado, ha moderado el resentimiento hacia Estados Unidos y ha reflejado una mejora de la confianza en el país, probablemente de la mano del alto el fuego en Irán. Por otro, también responde al mayor protagonismo de Kevin Walsh y a la percepción de que al frente de la Reserva Federal hay alguien que sabe pilotar.

El dólar se mantiene en niveles aproximados de 1,13-1,14 frente al euro. Es una revalorización relevante en los últimos días, pero todavía dentro de una banda que no parece hacer daño a la confianza. En principio, puede leerse como una señal positiva: en un mundo algo más normalizado, un país que crece más y tiene tipos de interés más altos debería tener también una moneda más fuerte.

En conjunto, el dato de empleo desplaza parcialmente el debate de la inflación hacia el crecimiento. Si hasta ahora el temor era que las presiones inflacionistas obligaran a la Fed a endurecer más su política monetaria, un mercado laboral más débil reduce esa amenaza. Como suele ocurrir en economía, cuando empieza a arreglarse un problema, aparece otro: menos presión sobre los tipos, pero más atención al ciclo de crecimiento.
 

Pedro del Pozo
Director de Inversiones Financieras en Mutualidad

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