Emma Fernández, consejera de Metrovacesa y Axway

“Algunos de los movimientos del Gobierno van en contra de las reglas vigentes”

“Entiendo los movimientos, creo que son lógicos. Entiendo menos que piense que con una participación minoritaria tiene el control del gobierno corporativo en compañías cotizadas. Tendrás influencia pero no deberías tener el control. Reino Unido, acaba de nacionalizar British Steel. Tenemos que acostumbrarnos a ver esos movimientos. Lo que me preocupa es que algunos de estos movimientos van en contra de las reglas que están vigentes. No es tanto el qué como el cómo. Si quieres el control, compra una participación de control”.

FOTOGRAFÍA: Jesús Umbría •

Trump ha puesto a la economía mundial al borde del abismo. Pero cuando los mercados le han puesto límite, ha suavizado su política arancelaria ¿Podemos respirar tranquilos o nos sorprenderá con algún otro susto?

No son tiempos de dramatizar. Son tiempos de estar atentos, de escuchar, de ser conscientes de que los cambios que se están proponiendo son cambios sustanciales en el modelo económico global. Veníamos de un horizonte liberal basado en la colaboración y en el comercio global, que además se viene debilitando desde hace unos años, y Trump supone un replanteamiento muy profundo y acelerado de ese orden global. En este momento no somos capaces de medir plenamente ni el alcance ni el impacto que van a tener sus propuestas, pero es cierto que ponen al mundo en riesgo de recesión económica e intensifican otras problemáticas que a lo mejor no esperábamos.

EL PERSONAJE
Emma Fernández - Consejos cotizados
Es ingeniera de telecomunicaciones por la UPM y MBA por el IE. Y ha cursado programas de gestión en IESE, MIT, CEIBS y Wharton.

Comenzó como ingeniera en Alcatel y Telefónica, pero ha estado más ligada a Indra, donde estuvo 25 años (1990-2015) y fue vicepresidenta desde 2007, contribuyendo a transformar una mediana empresa en una multinacional con presencia en 45 países.

Entre 2017 y 2021 ha sido consejera de Ezentis, Gigas, Sopra Steria, y Asti Mobile Robotics. Actualmente es consejera independiente de dos cotizadas: Metrovacesa y la desarrolladora de software americana Axway. Forma parte del Consejo de Santander’s Digital Consumer Bank, que aglutina a Santander Consumer Finance y Openbank, y del grupo Iskaypet, líder en España en el cuidado de animales.

Desde la crisis financiera del 2008, hemos ido encadenando un cisnes negros. Los expertos dicen que cada 4 ó 5 años estamos expuestos a algún evento atípico que remueve los cimientos económicos…

Estamos en un mundo que por muy distintas razones está en profunda transformación, y como todo en la vida no es una transformación planificada, que se pueda controlar totalmente. Es imposible por su complejidad. Aparecen elementos que son difíciles de prever y para los que no estábamos preparados. Por ejemplo, si lees los documentos que Trump publicó con sus asesores en el trimestre final de 2024, muchas de las cosas que están pasando hoy ya estaban allí, pero no se pensaba que iban a suceder con esta intensidad y en tan corto espacio de tiempo, parecía más un plan para una legislatura de cuatro años que para un cuatrimestre. Por otra parte, hay factores como la tecnología, el cambio climático, los cambios en la población que nos hacen más vulnerables. Al final somos 8.000 millones de personas en el mundo, y, por ejemplo, las pandemias son más probables...

Estamos en un shock constante.

Estamos en un siglo XXI que tiene que ser así, de constante shock, porque hay muchos factores que no controlamos y que nos están afectando. Nos tenemos que acostumbrar a vivir en la incertidumbre. Dentro de los retos a los que nos enfrentamos, en mi opinión, el principal es el cambio climático. También el envejecimiento progresivo de la población, especialmente en las economías occidentales, que va a ser crucial por su impacto en el empleo y en el gasto sanitario. Además, la situación geopolítica actual está configurando la solución de esta problemática de una manera diferente a lo que podía haber sido en un contexto de colaboración.

En este contexto de incertidumbre constante, la tecnología ha sido el gran elemento disruptor ¿Cuánto poder tienen las tecnológicas, las 7 grandes? Vimos a Musk con Trump ocupando un espacio político, pero también cómo los mercados y el propio entorno corporativo le han corregido…

Me resulta difícil opinar sobre su poder político. Sí creo que tienen un poder económico muy fuerte porque muchas de las tecnologías sobre las que se basan los cambios económicos de un número importante de empresas y sectores están relacionados con los productos y servicios que esas compañías ponen a disposición de sus clientes. El otro ámbito de influencia–poder que me parece también muy relevante es que algunas de estas tecnológicas se han convertido en los nuevos medios de comunicación de nuestra sociedad, y son medios de comunicación atípicos porque no tienen estatuto de medio de comunicación, con lo cual no tienen límites. Hay otro factor que también contribuye: las identidades digitales. No sólo no tienen la responsabilidad de hacer una edición curada y ordenada de los contenidos, sino que tampoco tienen la obligación de comprobar quién emite esos contenidos y con qué interés...

Algunas tecnológicas se han convertido en los nuevos medios de comunicación. Y son medios atípicos porque no tienen estatuto de tal, con lo cual no tienen límites”

Lo que no sucede con los medios tradicionales.

Al final en un medio tradicional tienes unos responsables editoriales y eso es transparente. Te puede gustar más o menos su línea, pero sabes cuál es su ideario y no te puede sorprender que las noticias tengan un determinado sesgo. Pero cuando hablas de redes sociales, medios digitales que dan una impresión de libertad, veracidad, seguridad etc, no es real. Este debate lleva abierto desde el Brexit y desde las primeras elecciones que ganó Trump y no terminamos de resolverlo. Su influencia en la sociedad, en los cambios sociales y en la salud mental de las personas es cada vez mayor.

Europa está bastante fuera de juego en la IA, pese a ser la mayor proveedora de datos a nivel mundial. ¿Cómo aprovechar esas ventajas para que la región se active en lo tecnológico y pueda caminar hacia la autonomía estratégica?

Europa es un concepto cuánto menos complejo. Yo soy europeísta y creo que estando juntos estamos mejor. Como siempre que estás en una organización grande donde hay muchas unidades de negocio, lo que se necesita son unas buenas reglas del juego. Los informes de Letta y de Draghi son un buen paso en esa dirección. Ponen encima de la mesa la necesidad que Europa tiene de actuar de una manera distinta y que nuestras reglas del juego tienen que ser más fáciles porque si no, para estas 27 unidades de negocio a las que hay que atender y dar oportunidades de crecimiento, terminan siendo un freno en lugar de que puedan aprovecharse de formar parte de una gran corporación. Además, el esquema de valores de Europa tiene una forma de ver el bien común en cuanto a sociedad del bienestar que está muy por encima de cualquier otra región del planeta. Partiendo de esa base, creo que en Europa estamos mucho mejor de lo que creemos. También tenemos muchos problemas que resolver. Centrémonos, pues, en cuáles son aquellas tendencias estructurales sobre las que queremos trabajar, apostemos por ellas. En esa simplificación, la Comisión va a tener que trabajar con cada país de una manera distinta, y a su vez los países van a tener que ceder una parte de soberanía, que todavía no está claro como va a funcionar.

EEUU dijo que no exportaría vacunas hasta atender al 70% de su población... Hay que saber que queremos conservar bajo control”

Bruselas está planteando un cambio en las reglas del juego.

Es bueno plantear cambiar reglas como las de la competencia, que son reglas construidas para el equilibrio interno europeo y que han funcionado bien durante años, pero en el contexto actual necesitamos empresas más grandes y con más capacidad de competir en el entorno global. Europa también tiene herramientas para poder construir cosas nuevas. Hay muchas tecnologías de frontera, disruptivas, donde Europa no está tan mal. Tenemos un problema sobre todo de transferencia para la creación de empresas y para su crecimiento posterior, y eso tiene que ver con nuestras reglas del juego, no con que tengamos gente o empresas menos preparadas. Además, el capital privado para invertir en estos temas es más limitado que el que tienen los americanos, y eso es porque al final, por la fuerza de los hechos, el mercado no es único por mucho que lo digamos.

Otro pilar de la autonomía europea sería la política industrial. Al igual que en España, hace años que no existe una política industrial como tal, desde los 90, quizás desde la creación de Airbus…

En los años 80 y 90 hubo mucha política industrial. Sin ir más lejos, Indra nace de una decisión de política industrial de concentración en un determinado sector promovido desde el cliente. Airbus sale también de una idea europea de política industrial, y seguro que habrá más ejemplos. Sin embargo, probablemente desde mediados de los 90, cuando empezamos con todos los fenómenos liberalizadores, de las telecomunicaciones, de la energía, la venta de participaciones estatales, etc, es verdad que el Estado salió de la política industrial y la dejó en manos del sector privado en la confianza de que las reglas del juego daban por hecho que te ibas a poder abastecer de bienes y servicios sin restricciones gracias al comercio global. Desde la pandemia todo esto ha cambiado mucho. Ya no nos acordamos de que EE.UU. decidió que no exportaba vacunas hasta que no estuviera vacunado el 70% de su población. En esas circunstancias, el Estado empieza a plantearse qué tiene que hacer para garantizar esa seguridad. En el mundo global lo más importante era la eficiencia, y los costes eran lo que gobernaba las decisiones. En el mundo multipolar que tenemos hoy, lo más importante es la seguridad porque ha cobrado otra dimensión que no tenía: seguridad de cadena de suministros, de suministros médicos... Si a estos retos de seguridad le sumas el cambio climático, los gobiernos europeos tiene que tomar otras decisiones y hacer una política industrial que resuelva un montón de problemas que a lo mejor el sector privado solo no va poder.

Entonces un campeón europeo tipo Airbus en otro sector no lo ve factible…

Me resulta complicado hacer un vaticinio. Airbus tiene una historia larga y de mucho éxito. La idea de hacer un “Airbus” en distintos ámbitos de la defensa ha estado en las conversaciones europeas muchas veces. Yo que he estado muchos años en el sector (25 en Indra) he estado en ellas. La verdad es que algo así sólo lo puedes hacer cuando tienes una visión determinada de cómo va a ser el futuro. Ese medio plazo del que hablábamos antes. Aún no lo tenemos maduro...

La idea de hacer un 'Airbus' en distintos ámbitos de la defensa ha estado en las conversaciones europeas a menudo. He estado en ellas. Pero requiere una visión del futuro. Aún no lo tenemos maduro”

En el tema de tejer nuevas alianzas internacionales, ¿ve tan peligroso el acercamiento a China?

China es una gran mercado para Europa. También para las compañías americanas; es el segundo mercado para Tesla, por ejemplo. Y sabemos que China juega con unas reglas del juego que no tienen nuestros valores. ¿Va a ser un socio confiable o no? Aquí está la gran duda. En busca de la autonomía estratégica, vamos a tener que tejer alianzas con China a la vez que lo hacemos con otros mercados. Se habla de Canadá y México porque son países también amenazados por Trump. Para mí la gran sorpresa en este cuatrimestre ha sido: pero, ¿EE.UU es confiable para Europa? Es una pregunta que nunca nos habíamos hecho. Quiero pensar que desde el punto de vista estructural sí es un aliado para Europa, aunque coyunturalmente podamos tener las tensiones actuales. No lo sé. Veremos. Creo que estamos obligados a aceptar que ahora el mundo es más volátil, y que las alianzas ya no son tan globales. Lo de que EE.UU. es mi aliado para todo, no, EE.UU va a ser mi aliado sólo para esto o lo otro. Habrá que tener muy claro qué es lo que tenemos que conservar bajo control.

El gobierno está retomando el control estatal de algunas de las principales empresas del Ibex35, compañías estratégicas en tecnología y telecomunicaciones. ¿Entiende estos movimientos?

Sí, creo que son lógicos. Lo que entiendo menos es que piense que con una participación minoritaria tenga el control del gobierno corporativo en compañías cotizadas. Tendrás influencia, pero no deberías tener el control. Entiendo la filosofía. Reino Unido, por ejemplo, acaba de nacionalizar British Steel, al considerar que las decisiones privadas que estaba tomando el accionista iban a perjudicarle como país. Tenemos que acostumbrarnos, pues, a ver esos movimientos. Lo que más me preocupa es que algunos de estos movimientos van en contra de las reglas que están vigentes. No es tanto el qué como el cómo. Si tú quieres el control, compra una participación de control. Eso el lo que me choca: que actuemos con participaciones minoritarias en empresas cotizadas, como si tuviésemos el control.

¿Cree que esos movimientos encajan en la hoja de ruta industrial?

Quién sea el dueño de las empresas, creo que debería ser independiente, lo que importa son los marcos competitivos, qué condiciones hacen que las empresas puedan llegar a ser líderes en su sector, y eso no lo marca la propiedad solamente. Hablamos de un tema que es la propiedad. El que una empresa sea de determinado capital, público o privado, no te garantiza que vaya a ser lo mejor. Aquí lo que tenemos que esperar es que esas empresas puedan tener un contexto en el que a través de los instrumentos que tiene el Estado para estimular la economía, puedan llegar a alcanzar el liderazgo. Se trata de, con su participación accionarial, mejorar su influencia y mejorar ese contexto, y sobre todo la seguridad en términos de país. Insisto, su propiedad no debería ser lo más importante, sino el proyecto empresarial: quién ejerce el liderazgo, quién la función emprendedora. En una compañía familiar está muy claro quién es el emprendedor, pero en las empresas de propiedad distribuida es el Consejo respaldado por la Junta. Eso es lo que les preocupa a los accionistas que están invertidos en estas compañías, que por cierto, son muchos fondos internacionales.

“LA NUEVA GENERACIÓN DE CABLES SUBMARINOS ES UNA OPORTUNIDAD PARA LA PENÍNSULA IBÉRICA”

¿Existe la España tecnológica?
Sin ninguna duda. Las cifras evidencian un sector de telecomunicaciones que demostró su potencia en los momentos del Covid, cuando más lo necesitamos. Tenemos un montón de startups que han crecido y que son muchas de base tecnológica. En Endevour, a través de plataformas tecnológicas, muchas empresas han transformado sectores de bienes y servicios. Tenemos unas universidades en los ámbitos científico-técnicos con muy buen nivel. Se da la circunstancia, además, de que estamos atrayendo mucho talento externo porque se considera que desde aquí se puede servir al mundo. Y en cuanto a la nueva generación de cables submarinos, estamos ante una renovación tecnológica que supone una oportunidad para la Península Ibérica. Cuando traes el cable, el centro de datos está mucho más cerca. Por último, añadiría que España con la apuesta por la renovables desde hace mucho tiempo tiene costes de la energía menores, por supuesto, sin estar exentos de dificultades y de dependencias, por tanto, estamos resultando ser un una geografía más atractiva para una infraestructura troncal que también necesitamos proteger en el contexto de una mayor seguridad.

La veo optimista, entonces ¿Dónde hay que invertir?
La energía, seguro, porque es fundamental para poder producir a bajo coste Haber confiado en Rusia como aliado con una energía de bajo coste nos ha permitido ser muy competitivos, pero luego ha tenido consecuencias muy negativas. Las infraestructuras de Internet también son clave. Para mantener una transformación digital relevante hay que tener infraestructuras potentes. En particular, España está muy bien posicionada para desplegar determinadas infraestructuras como centros de datos o cables submarinos. Europa debe profundizar en la transformación digital utilizando las bases que ya tenemos. Ya hay quién habla de que podemos sumarnos a la siguiente ola de computación cuántica. El principal problema es que no somos una economía suficientemente innovadora, y ahí estoy de acuerdo con Draghi, se trata de un tema cultural, pero también tiene que ver mucho con el tamaño de las empresas.

En España, el 99% son pymes...
Cuando las empresas son demasiado pequeñas pueden llegar a incorporar tecnología, pero es más difícil innovar. Europa se está poniendo las pilas. Si te fijas en el calendario de lo que ha hecho la Unión Europea en el primer trimestre, desde enero a marzo iba mucho en la línea de ir trabajando sectores estratégicos como el automóvil y las energías limpias, simplificando las reglas de reporting y la CSRD, etc. Sin embargo, en abril ha habido un poco más de sequía de temas nuevos vinculados a la autonomía estratégica y a la tecnología, pero sí hemos visto una Comisión que ha iniciado el año con dinamismo en torno a estos temas clave.

Predecir el futuro es imposible, pero con lo que sabemos hasta ahora sobre la Inteligencia Artificial ¿Qué piensa sobre esos vaticinios que anticipan la desaparición de millones de empleos y de sectores productivos enteros?
No sé si has tenido la oportunidad de leer un libro que se llama The Technology Trap. El autor, Carl Benedikt Frey, es un profesor de Oxford que fue de los primeros en hablar de la pérdida de empleos como consecuencia del automatización. En el libro, hace un recorrido de cómo fue la revolución industrial y del impacto que tuvo en aquellas economías que no abrazaron la tecnología con suficiente interés, porque es verdad que cualquier transformación tecnológica siempre tiene un impacto en todos los sectores. Te contaba que en Nueva York a principios del siglo XX, los caballos y la distribución de heno era una de las principales actividades comerciales de la ciudad, uno de los problemas de salubridad mayor eran las heces de los caballos. El automóvil deja sin trabajo a todos los que cuidaban caballos, a todos los que distribuían heno, pero soluciona otros problemas. Normalmente, la tecnología siempre ha tenido este factor. A corto plazo se produce un shock en determinados sectores, pero en el largo plazo las economías mejoran, se hacen más sostenibles y hay más bienestar. Es un llamamiento, primero a decir que estamos en una revolución industrial que puede ser incluso más profunda que la primera, porque al afectar a actividades del conocimiento que han sido hasta ahora intrínsecamente humanas, son tecnologías de mayor alcance, y en segundo lugar a alertar sobre ese shock a corto plazo, a anticipar a quien puede afectar y a desarrollar medidas políticas que puedan ayudar a la transición. ¿Cómo va a ser la inteligencia artificial? Desde mi punto de vista acaba de empezar. Es verdad que hemos visto muchos avances en los últimos quince años, pero la generativa tiene poco más de dos años en términos de uso generalizado. Hay todavía claroscuros, pero hay determinadas cosas que las hace muy bien. Creo que va a contribuir a hacernos más productivos. Me cuesta pensar que se lleve por delante a sectores completos. Vamos a tener que aprender a convivir con ella.

¿Se atreve a predecir cuál será el siguiente paso de la IA?
Creo que habrá cosas que ni se nos ocurrirá como van a ser. Entonces, como empresarios, tenemos que preocuparnos de que nuestros profesionales aprendan de este tipo de tecnologías lo antes posible para verdaderamente entender cómo puede afectar a su trabajo, cómo lo pueden mejorar y para que no sean excluidos. Tenemos que cambiar la formación en las escuelas y universidades porque todo este tema ya no va a ser propio solo de técnicos en informática, electrónica o comunicaciones, que es lo que puedes pensar que la tecnología básica de la inteligencia artificial requiere. Los lingüistas, por ejemplo, ya han tomado otra dimensión. En cualquier caso, creo que lo que no tenemos es que tener miedo a los avances tecnológicos. Hace poco leía el ensayo de Byung-Chul Han que se titula El espíritu de la esperanza. Su teoría es que nuestra sociedad vive aletargada por el miedo y que el otro lado de la moneda de esa angustia es la esperanza a la que todos deberíamos de alguna manera abrazarnos en estos momentos. Me ha gustado especialmente la vinculación que hace entre la esperanza y la acción. La cuestión es que la complejidad de la situación actual a veces nos paraliza. Vivimos una sociedad que está demasiado angustiada, es demasiado cortoplacista y está poco preocupada por el medio y el largo plazo. El futuro no está escrito, el propio Trump toma unas decisiones creyendo que van a tener unas consecuencias y han tenido otras. Entonces independientemente de todo lo que está pasando, no podemos quedarnos parados, tenemos que abrazar estos cambios para incorporarlos en nuestra actividad, siempre con un pensamiento ético y constructivo, y así contribuir a mejorar los empleos que ya tenemos.

Hablando de ética, lo cierto es que la IA utiliza muchos recursos, por ejemplo energéticos, y también tiene sesgos. Ambos factores afectan a su sostenibilidad ¿Cómo se pueden abordar este tipo de problemas?
Esta tecnología, claramente, abre un debate importante sobre recursos naturales. En este momento no nos lo cuestionamos porque tenemos la creencia de que esto va a mejorar la productividad, algo que necesitamos. Va a ser necesario que sea muy transparente precisamente por los recursos que consumen. Por ejemplo, los centros de datos consumen energía y agua y vamos a necesitar un incremento sustancial de ambos bienes para seguir manteniendo los niveles actuales de automatización. Ahora, hablar de algo a nivel global es más complicado porque estamos en un contexto en el que las reglas universales ya no existen, pero sí que hay que pedir que al menos en nuestra zona de influencia este tipo de aspectos se tengan en cuenta. Aquí siempre hay un trade off entre innovación y los inconvenientes derivados de esa innovación, pero ahora que Europa necesita mejorar su autonomía estratégica en tecnologías clave, no podemos limitar, al menos por un cierto tiempo, determinadas cosas. Nuestra seguridad económica va a depender del fortalecimiento de determinadas tecnologías, en particular, en un contexto de conflicto entre EE.UU y China.♦

Julia Pastor
Cuenta con una amplia experiencia en redacción en Consejeros Media Group, tanto en la revista Consejeros como en Consenso del Mercado y The Corner. Anteriormente, trabajó para la agencia de noticias financieras GBA y colaboró en El País Business. Es licenciada en Inglés por la Universidad Complutense de Madrid y posee un máster en Periodismo Financiero.

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