Ucrania, el Sahara, y la inflación como telón de fondo... un baño de realismo

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“Occidente no cierra del todo las sanciones ¿Habrá un cambio de actitud después de la matanza de Bucha? ¿o seguiremos calentándonos con el gas de Putin?”

Luis Alcaide
Luis Alcaide

Una semana antes de la invasión de Ucrania, el premier húngaro Orban –recién reelegido– comentaba a raíz de una entrevista con Putin: “Son tiempos difíciles aunque estemos en buena compañía, mantengo la esperanza de que podamos trabajar juntos durante muchos años”. Un buen conocedor del mercado energético, Pierre Andurant, sostenía “la probabilidad de que Putin decida invadir Ucrania cuando la cotización del gas natural sea equivalente al precio de 300 dólares el barril de petróleo”. Orban amplía su clientela y los precios de combustibles y carburantes marcan una nueva época de inflación. Mientras “strong men” no dudan en modificar las Constituciones para perpetuarse en el poder. Incluso Trump bromeó sobra la “posibilidad de un cambio constitucional” que aboliese la restricción de dos mandatos seguidos para seguir siendo presidente de los EEUU. Los movimientos de simpatía por populistas con mano y guante de acero han ido ganando más y más aceptación. Nostalgias nacionalistas que debilitan las convicciones democráticas y amenazan la continuidad de una economía mundial globalizada.

Putin recibía displicentemente a unos dirigentes europeos suplicantes y decide una “operación especial” para Ucrania bajo el pretexto de desactivar el núcleo fascista ucraniano que, por un lado, constituye una amenaza para Rusia y, por otro, un yugo para su propio pueblo. El hombre fuerte lanza sus legiones pero los dirigentes ucranianos no huyen a Occidente ni reciben al ejercito liberador con otra cosa que no sean las armas y el orgullo patrio. Occidente impone sanciones dolorosas para el pueblo ruso y aprueba el envío de armas a Ucrania que destruyen tanques y derriban helicópteros y aviones. Occidente, sin embargo, no cierra del todo las sanciones. ¿Habrá un cambio de actitud después de la matanza de Bucha? ¿o seguiremos calentándonos con el gas de Putin?

Los españoles, menos tributarios de Rusia, también ven cómo se dispara la factura de la luz y los precios de la gasolina en las estaciones de servicio. Huelga de transportistas. Un lock-out al margen de la Constitución del 78 cuyo art 37 establece: “La Ley que regula el conflicto colectivo incluirá las garantías precisas para asegurar el funcionamiento de los servicios esenciales de la comunidad”. El ministerio de Transportes no ha manejado acertadamente la situación y, por otro lado, el hoy presidente del Partido Popular llegó a afirmar que “el Gobierno se está forrando con los precios de la gasolina”. La huelga ha concluido y mientras llega el estatuto de “isla energética” la factura de la luz sigue altísima y altísimos están los precios de los carburantes aunque algo menos que en Portugal. Y entre todo este tinglado el gobierno marroquí hace pública la carta del presidente Sánchez aceptando la propuesta de Marruecos sobre el Sahara Occidental. Cuarenta y siete años después de la Marcha Verde los saharauis siguen hundidos en la precariedad sin ningún horizonte de mejora.♦

Luis Alcaide
Economista para el Gobierno español desde 1961. Ha sido asesor estatal en la Unión Europea y director de Comunicaciones del Banco de España. Ha publicado artículos editoriales en El País (1977-1983) y en Diario 16 (1985-1988), y colabora regularmente en Economía Exterior y Política Exterior. Es miembro fundador de Grupo Consejeros.

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