A lo largo del fin de semana se han conocido los resultados de las elecciones locales en Reino Unido. En el Parlamento galés, el Partido Laborista (del Primer Ministro Keir Starmer) pierde el poder por primera vez en la historia y pasa a ocupar el tercer puesto con 9 escaños por detrás de Plaid Cymru (partido galés) con 43 y Reform UK (el partido populista de derechas y pro-Brexit) con 34. Mientras, en el Parlamento escocés, los laboristas empatan en segundo lugar con 17 escaños con Reform UK, por detrás del partido escocés SNP con 58.
El partido del gobierno también pierde el control en 36 ayuntamientos y es el más perjudicado perdiendo un total de 1.193 asientos en las cerca de 5.000 concejalías que estaban en juego en Inglaterra. El total de votos ha arrojado una victoria del partido liderado por Neil Farage, Reform UK, con 1.431 concejales (+1.349 vs elecciones anteriores); Laboristas: 1.051; Liberal Demócratas: 832 (+143); Conservadores: 785 (-428); Verdes: 568 (+376); Otros 279 (-243).
Opinión del equipo de análisis: se confirma la pérdida de confianza de los votantes en el partido del Gobierno. Aumenta la presión sobre Starmer, ya cuestionado internamente, que podría verse incluso obligado a dimitir y forzar elecciones internas en el Partido Laborista. Tras los resultados, Starmer ha anunciado que continuará en el cargo, pero numerosos miembros laboristas han pedido un cambio de liderazgo que pueda revertir la situación. Hay varios nombres en las encuestas, entre los que destacan miembros del ala izquierda, con más propensión al gasto público y menor control de la deuda como A. Rayner o A. Burnham, actual alcalde de Manchester (aunque éste no podría ser elegido por el momento al no ser diputado). De ser así, libra y bonos sufrirían. Además, el ruido político y el constante cambio de gobierno (4 primeros ministros en los últimos 4 años) aumenta la incertidumbre y desconfianza, frena las inversiones y perjudica un crecimiento de por sí débil (+1,4% 2025).