El diferencial de inflación de España frente a sus socios se ensancha de forma alarmante

Hoy se han conocido los datos definitivos del IPC de agosto en España. El repunte hasta el +4,3% anual desde el +3,6% anterior "rompe cualquier atisbo de normalización de precios". La ligera bajada de la tasa subyacente al 2,9% queda eclipsada por el brutal alza del IPCA, que escala hasta el 4,6%.

Lo que hasta hace pocas semanas se atisbaba como una tregua estacional se ha transformado en un socavón de imprevisibles consecuencias. Los datos definitivos del Índice de Precios de Consumo (IPC) correspondientes al mes de agosto, publicados hoy por el INE, revelan un acelerón imprevisto y de gran intensidad: la tasa de variación anual se situó en el 4,3%, experimentando un repunte drástico de siete décimas respecto a julio. Una sacudida que rompe de golpe cualquier atisbo de normalización de precios.

El salto no solo se mide en términos interanuales, sino en la virulencia del día a día. La variación mensual del índice general registró un inusual 0,7%, un incremento estival que demuestra que las tensiones sobre el coste de la vida no dan tregua ni en los meses tradicionalmente más sosegados. Este encarecimiento generalizado zarandea de nuevo la cesta de la compra de los hogares y sitúa a la economía en un escenario de costes impropio de la senda de estabilidad que se anhelaba a comienzos de año.

En medio de esta marea alta, el único matiz que diverge del pesimismo general es el comportamiento de la inflación subyacente, cuya tasa anual disminuyó una décima para situarse en el 2,9%. Sin embargo, este ligero alivio en los precios estructurales queda por completo eclipsado por el brutal repunte del Índice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA, que escala hasta el 4,6%, también siete décimas por encima del mes anterior). Esta brecha europea confirma que el diferencial de inflación de España frente a sus socios se ensancha de forma alarmante.

Contemplar este 4,3% en el horizonte de agosto es como asistir al derrumbe silencioso de un dique que creíamos firme. Las cifras del INE no son meros guarismos estadísticos; son los fragmentos de una realidad económica que vuelve a desmoronarse bajo el peso de una inercia implacable. Nos habíamos acostumbrado a caminar sobre el filo de una moderación frágil, creyendo que el peor rostro de la crisis inflacionista formaba parte del pasado, pero la tempestad ha regresado para recordarnos nuestra extrema vulnerabilidad. La economía respira en los papeles del PIB, sí, pero en la calle el coste de la vida avanza como una marea negra, devorando el ahorro y dejando a los hogares a la intemperie, atrapados en un bucle donde cada paso hacia adelante no es más que el preludio de una nueva caída al vacío.

Sergio Mensaque
Responsable de Inversiones de Avanza Previsión

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