El 8 de julio se anunció la venta de dos plantas solares de Badajoz a un fondo. Entraron en servicio en 2010 y 2011. Según el vendedor, les quedan entre 15 y 16 años de periodo regulatorio. Unos quince años de pasado, unos quince de futuro y un dueño nuevo.
Un activo así sobrevive a sus dueños y a casi todos sus consejeros. Los independientes de las cotizadas españolas llevan de media 5,2 años en su consejo, la antigüedad más baja de todas las categorías, según la CNMV. La ley pone el límite: mandatos de cuatro años como máximo y, pasados doce, el consejero deja de contar como independiente.
Los fondos de buyout mantienen hoy sus participadas unos siete años, según Bain, frente a cinco o seis entre 2010 y 2021. Una batería llega con garantías de capacidad de diez, quince o veinte años, según DNV.
Cinco, siete y veinte. Tres relojes en la misma sala que casi nunca se miran. Ninguno es un defecto. El problema es la diferencia entre ellos. Rara vez tiene dueño en el consejo, y se paga el día de la venta.
No es un caso aislado. En junio otro fondo acordó comprar 18 minicentrales hidráulicas, 64 MW, por 66 millones y sin deuda. Este año han entrado fondos en la solar en operación y en la hidráulica. Lo que compran son años.
La batería es el caso más limpio, porque su calendario está escrito. A 30 de septiembre funcionaban en España 322 MW de baterías, según Red Eléctrica. Con permiso de acceso a la red había 34.166 MW de baterías. Cada megavatio de esa diferencia que llegue a construirse necesitará un consejo con memoria de veinte años.
Una batería pierde capacidad cada año y la garantía fija hasta dónde puede perderla. DNV recuerda que esa pérdida no es lineal y que los datos de operación de la batería son los que pesan en una disputa de garantía. Hasta el regulador mide por mitades. La orden del mercado de capacidad, publicada el 17 de septiembre, orienta el contrato de la inversión nueva a la mitad de la vida útil. Con un tope de quince años. El resto de la vida queda fuera del contrato.
En el tercer año de una tenencia de siete hay decisiones que se aplazan sin que nada se rompa. Un mantenimiento que se estira. Una reserva para reponer celdas que no se dota. Un contrato de ingresos que se deja venir. Un derecho de conexión que se da por bueno sin comprobar que incluye el de cargar de la red. Ninguna es grave por separado. Todas mejoran las cuentas del año tres.
No hay mala fe. Hay aritmética. Bain calcula que hoy un buyout necesita crecer entre un 10% y un 12% al año en Ebitda para el múltiplo que antes lograba con un 5%. Con esa vara, un gasto que no se hace en el año tres es Ebitda en el año tres.
Lo cobra el comprador del año siete. No descuenta lo que sabe: descuenta lo que no puede comprobar. Si el historial de operación no demuestra que se respetó la garantía, la garantía vale menos. Si la reposición de celdas no está dotada, el precio baja por su importe y por un margen de duda. Si el contrato de ingresos vence el año siguiente, lo que queda de vida se valora como mercado. Lo que se aplaza en el tercer año lo descuenta el comprador del séptimo.
Lo digo sin reproche. Un fondo hace lo que prometió a sus inversores: comprar, mejorar y vender en un plazo. A nadie hay que sustituir. Basta con que alguien tenga la diferencia en su agenda y la lleve a la mesa cada año, no en el séptimo.
Eso es trabajo de consejo, y vale en una cotizada, en una participada de un fondo o en una empresa familiar que algún día se venderá o se heredará. En 2025 las cotizadas nombraron 190 consejeros independientes y 70 llegaban por primera vez. En las de energía, agua y sector primario, son el 54% de la mesa.
Un consejo ya tiene finanzas, derecho y auditoría. Le sirve, además, quien haya construido y vendido una empresa de energía. Lee el informe del año al revés: no mira lo que se hizo para llegar a las cuentas, mira lo que se dejó de hacer.
La propuesta cabe en una línea: una hora al año, junto al presupuesto, y cuatro preguntas. Una: ¿qué parte de la vida del activo queda fuera de nuestro plan, y quién la tiene en su agenda? Dos: ¿qué dicen los datos de operación frente a la curva de la garantía, y está dotada la reposición? Tres: ¿cuánto del ingreso está contratado más allá del año de salida? Cuatro: si mañana se abriera un data room, ¿coinciden permisos, contratos y datos en titular, potencia y derecho a cargar de la red? ¿Cuánto tardaríamos en entregarlo?
Son las preguntas que hará el comprador. Un consejo que las repasa cada año vende mejor y con menos sorpresas. Y si no vende, le sirve igual: la batería que llega al año veinte es la que alguien cuidó en el tres.
Ningún consejero gobierna un activo de veinte años de principio a fin. Un buen consejo se mide por lo que deja preparado para el siguiente.