En una conferencia en la Fundación Ramón Areces organizada con el Real Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad San Pablo CEU, este profesor de la Cátedra Henry Wendt de Economía Política en el American Enterprise Institute ha asegurado que esta nueva fase de la demografía está siendo impulsada no por catástrofes sanitarias, sino por una caída sostenida en los nacimientos. El título que había elegido para su conferencia -‘La despoblación mundial: estemos preparados o no, ya está aquí'- ya anunciaba estas tesis.
“Si cada mujer tiene menos de un bebé, la población tiende a encogerse”. Con gráficos comparativos, ha mostrado cómo África sigue por encima del nivel de reemplazo, pero “toda Asia y toda América Latina, no solo Europa y Norteamérica, presentan patrones de fecundidad insuficientes para mantener la estabilidad poblacional a largo plazo”. Ha ilustrado el giro con el caso de La India y una experiencia personal: “Cuando era joven, visité Calcuta. Parecía que no había más que niños. Hoy, La India es una sociedad por debajo del reemplazo, quizá un 15% por debajo, y en las grandes ciudades los niveles están muy por debajo”. En estos momentos, “Calcuta tiene una fecundidad más baja que Berlín”, ha añadido.
“Entre 1980 y 2020, casi todos los países han tenido enormes descensos en sus niveles de nacimientos, y muchos ya están por debajo de la tasa de reemplazo”, ha resumido. Con datos de la División de Población de la ONU, ha destacado el cambio histórico que se ha producido: “En 1950, menos del 5% de la población mundial vivía en países con nacimientos por debajo del reemplazo. Hoy, más del 70%, casi tres cuartas partes, vive en países por debajo de ese nivel”. Y ha subrayado que “el perfil típico de la humanidad hoy es tener menos de dos bebés por mujer”.
El caso español
Sobre España, Nicholas Eberstadt ha presentado series de la ONU que sitúan el país más cerca de una situación de baja fecundidad que de recuperación moderada. “En el escenario de variante baja, la España de 2050 tendría más personas mayores de 80 que menores de 18”, ha detallado, con un cambio profundo en la estructura por edades: “Muchísimos más mayores, muchísimas menos personas en edad de trabajar y notablemente menos niños”. Ese sería el resumen.
Entre las consecuencias de esta situación, ha anticipado el encogimiento de las poblaciones en edad laboral y el rápido envejecimiento: “Las familias pequeñas son ahora mismo el gran motor”. Este demógrafo e investigador ha aprovechado para pedir serenidad: “No hay que tener miedo. Tras la explosión demográfica, se pronosticaron hambrunas y colapsos. Hoy somos más del doble de habitantes que en 1968, el mundo es más rico, educado y sano, y el coste de los alimentos ajustado por inflación es menor”.
En esta línea, ha atribuido el margen de prosperidad a tres fuerzas: la salud, la educación y la creación de conocimiento. Sobre educación, ha comparado pirámides globales de 1970 y 2020 para afirmar que “la porción sin educación se ha reducido en términos absolutos y el segmento de educación superior es el que más crece”. En conocimiento, aunque ha admitido la dificultad de medirlo, ha enfatizado el salto de progreso: “Ahora podemos ir a la Luna y más allá”.
Como conclusión, Nicholas N. Eberstadt ha insistido en un tono optimista prudente sobre las capacidades humanas y el reto en una sociedad que reduce su tamaño: “Ya hemos descifrado cómo fabricar en abundancia y es algo que no vamos a olvidar, salvo catástrofe civilizatoria. Pero un mundo en despoblación no va a responder por sí solo a nuestra búsqueda de significado, valores, amor y verdad. Los desafíos metafísicos pueden resultar más dramáticos que los materiales”.