La próxima gran oleada de salidas a bolsa en Estados Unidos podría convertirse en uno de los eventos de liquidez más relevantes que hayan visto los mercados de renta variable en años.
SpaceX, OpenAI y Anthropic figuran entre las compañías con mayor probabilidad de marcar esta nueva fase. En conjunto, podrían captar alrededor de 150.000 millones de dólares en los mercados públicos. En ese sentido, habrá oferta para todos. La cuestión, sin embargo, no es si los inversores podrán acceder a estas compañías, sino si deberían comprarlas a cualquier precio.
SpaceX es quizá el ejemplo más evidente. Una posible colocación podría implicar una ampliación de capital de entre 70.000 y 80.000 millones de dólares. Sería una operación histórica, no solo por el tamaño de la compañía y la fortaleza de su marca, sino también por el entusiasmo que generaría entre inversores institucionales y minoristas. No obstante, el entusiasmo no constituye una disciplina de inversión.
En cuanto a las valoraciones, SpaceX podría debutar en el mercado a cerca de 100 veces las ventas estimadas para 2025. Se trata de un nivel extremadamente exigente. Incluso para una compañía excepcional, la valoración importa. La gestión activa existe precisamente para hacer esa distinción: admirar un modelo de negocio sin aceptar necesariamente el precio que se pide por él.
No seríamos compradores a un múltiplo de ese calibre
No se trata simplemente de determinar si SpaceX es una gran empresa, sino de evaluar qué expectativas están ya incorporadas en el precio. En Edmond de Rothschild AM, no seríamos compradores a un múltiplo de ese calibre.
Existe además un factor estructural que los inversores deben considerar: la inclusión en índices. Si una compañía como SpaceX fuera admitida rápidamente en los principales índices del Nasdaq tras su salida a bolsa, los fondos pasivos y los ETFs se convertirían en compradores forzosos. Esto podría absorber una parte significativa del free float disponible y generar presión adicional al alza sobre la acción, independientemente de su valoración. Así pues, el papel del inversor activo no es comprar todo lo que sube, sino evaluar si la rentabilidad esperada compensa el riesgo. Esa misma disciplina es necesaria en el conjunto de los mercados tecnológicos actuales.
Taiwán superó recientemente a India en capitalización bursátil. Esto refleja la extraordinaria concentración del mercado taiwanés en compañías expuestas a inteligencia artificial y semiconductores, como TSMC, MediaTek y Delta Electronics. Estas empresas se sitúan en el núcleo del ciclo tecnológico actual.
India, por su parte, afronta un conjunto distinto de desafíos. Su déficit energético la hace vulnerable a los precios del petróleo y el gas, mientras que partes de su sector de servicios tecnológicos podrían verse afectadas por la disrupción derivada de la inteligencia artificial generativa. Esto no invalida la tesis de crecimiento a largo plazo de India, pero sí explica por qué los mercados están premiando de forma más directa a Taiwán.
En Europa: campeones aislados no constituyen un ecosistema
Una vez más, Europa corre el riesgo de quedarse al margen de una gran ola tecnológica. Estados Unidos y China están construyendo ecosistemas en torno a la inteligencia artificial, los semiconductores y las plataformas tecnológicas de nueva generación. Europa cuenta con compañías sólidas —ASML, STMicroelectronics, Soitec, Mistral— pero campeones aislados no constituyen un ecosistema.
Esta distinción es esencial. Un puñado de empresas exitosas no basta para generar la escala, la profundidad de capital y la red de innovación necesarias para competir a nivel global.
Los semiconductores también requieren prudencia. El sector se beneficia de una demanda estructural muy potente, especialmente impulsada por la inteligencia artificial, pero sigue siendo profundamente cíclico. Cuando el ciclo es favorable, los márgenes pueden expandirse de forma significativa. Cuando el ciclo gira, esos mismos márgenes pueden contraerse con rapidez. Los inversores no deben confundir el impulso cíclico con la rentabilidad permanente.
Una política monetaria más restrictiva solo haría a la región menos competitiva
Si las presiones inflacionistas proceden de tensiones geopolíticas o de costes energéticos importados, subir los tipos de interés no resolverá el problema de fondo. Se trata de una inflación de oferta, no de demanda. Unos tipos más altos en Europa no reducirían los precios del petróleo o del gas importados. Sí, en cambio, lastrarían aún más la actividad económica.
Europa ya afronta importantes desventajas estructurales: regulación, fiscalidad y un rendimiento tecnológico insuficiente. Añadir una política monetaria más restrictiva solo haría a la región menos competitiva. El próximo ciclo de OPVs puede generar oportunidades, pero también excesos. El papel del inversor es distinguir entre ambos.
Eso sí, habrá oferta para todos, pero no debería haber cheques en blanco para todos.