Tras la contundente victoria que registró el Partido Liberal Democrático en las elecciones del año pasado, la primera ministra Sanae Takaichi quiere afianzar la salida de Japón de la deflación. Su capacidad para sobrevivir a la inestabilidad política ha aumentado, y un liderazgo estable ha coincidido históricamente con una sólida rentabilidad de la renta variable japonesa.
En este contexto, las prioridades políticas se están desplazando desde las medidas de estímulo a corto plazo hacia el crecimiento a medio y largo plazo. El gobierno de Takainchiha establecido 17 áreas prioritarias, diseñadas para abordar las vulnerabilidades e impulsar al mismo tiempo el crecimiento. A medida que los recursos se vayan asignando a estas prioridades, podrían ir sentando las bases a nuevas oportunidades de inversión.
No obstante, según la economista Anne Vandenabeele, para que la reflación continúe es necesario acotar esta lista de prioridades. «Para maximizar los avances competitivos y evitar diluir el gasto, esta estrategia estatal de crecimiento deberá centrarse en menos de 17 sectores», afirma. «Es necesario renovar el compromiso con las políticas que promueven el crecimiento orgánico: gobierno corporativo y eficiencia, y flexibilidad del mercado laboral».
Según el gestor japonés Akira Horiguchi, se espera que la rentabilidad sobre el patrimonio (ROE) supere el umbral del 10% en 2027, e incluso alcance el 11%-13% dentro de unos años. «Gracias a las reformas del gobierno corporativo, la rentabilidad sobre el patrimonio de Japón, que históricamente se ha mantenido en niveles reducidos, ha ido aumentando de forma constante, desde el 8,8% en el ejercicio fiscal 2023 al 9,7% en el ejercicio más reciente», señala. «El crecimiento de los beneficios por acción en el país ha sido uno de los más sólidos de los que se han registrado en los mercados desarrollados, pero el aumento de la rentabilidad sobre el patrimonio ha sido menos acusado porque las compañías han permitido la acumulación de efectivo en sus balances».
Tanto Sanae Takaichi como la Agencia de Servicios Financieros de Japón (ASF) son conscientes del problema que supone la acumulación de efectivo por parte de las empresas. La ASF ha iniciado ya las conversaciones para la revisión del Código de Gobierno Corporativo en 2026, y ha incluido en la agenda este asunto. Por su parte, Takaichi, en su fallida candidatura a la presidencia del PLD de 2021, ya habló sobre la posible tributación del efectivo corporativo.
Las compañías que componen el índice TOPIX aún mantienen una gran cantidad de efectivo en sus balances, de hasta 115 billones de yenes, y a pesar de que en los últimos tres años se ha producido un importante aumento de recompras de acciones y repartos de dividendos, el nivel de efectivo se ha duplicado en los últimos doce años. El efectivo no genera apenas rentabilidad y ha supuesto un freno importante para la rentabilidad del mercado de renta variable. Al menos, los equipos directivos de las compañías están comenzando a hacer mejor uso del efectivo, ahora que han dejado atrás treinta años de deflación.