La sesión de ayer estuvo marcada por una nueva fase de presión sobre los mercados de renta fija, con Japón adquiriendo un protagonismo creciente dentro del escenario global de tipos. Después de que las rentabilidades soberanas alcanzaran máximos de varios años durante las últimas semanas, el foco se desplaza ahora hacia el Banco de Japón, que afronta su próxima reunión bajo una presión especialmente elevada. El mercado descuenta prácticamente por completo una subida de tipos, mientras las declaraciones procedentes tanto de Washington como del propio BoJ aumentan la incertidumbre sobre el tamaño y el momento del próximo movimiento.
El principal foco se encuentra en el yen y en la deuda japonesa. La rentabilidad del bono japonés a 10 años ha alcanzado los niveles más elevados del siglo, mientras el yen llegó a apreciarse un 1,2% hasta 158,22 frente al dólar. Este movimiento vuelve a situar al mercado en alerta ante una posible intervención cambiaria. La presión sobre el BoJ se ha intensificado además después de que Scott Bessent defendiera públicamente la necesidad de que Japón eleve los tipos, mientras Hajime Takata, uno de los miembros más hawkish del Consejo, dejó abierta incluso la posibilidad de un movimiento de mayor magnitud.
La relevancia de Japón va más allá del propio mercado doméstico. Durante años, los bajos tipos japoneses y el diferencial frente a EE. UU. han contribuido a sostener flujos hacia activos internacionales. Una normalización monetaria más rápida por parte del BoJ podría reducir ese diferencial y alterar los incentivos para mantener posiciones en activos extranjeros. Por ello, una subida menor de la esperada podría provocar una fuerte depreciación del yen, mientras que un endurecimiento más agresivo podría generar presión adicional sobre los mercados de deuda global.