Según la OCDE, los gobiernos están reformando los sistemas tributarios, pero las presiones sobre los ingresos siguen aumentando

El informe de la OCDE sobre reformas tributarias revela cómo los países buscan estimular la inversión mientras afrontan la carga de la deuda pública y mayores costes de financiación.
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(Sean Pollock, Unsplash)
Macroeconomía Internacional

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Las políticas tributarias globales han entrado en una nueva fase de diversificación y equilibrio fiscal. Según recoge el informe «Reformas de la política tributaria 2026» de la OCDE y economías asociadas —que analiza las medidas adoptadas o anunciadas durante 2025 en 92 jurisdicciones—, los gobiernos han dejado atrás las respuestas homogéneas de emergencia ante la pandemia y la crisis energética para centrarse en dos metas complejas: estimular el crecimiento económico y atajar el continuo deterioro de las cuentas públicas.

A diferencia de los grandes paquetes de alivio de años anteriores, 2025 se caracterizó por un enfoque más focalizado. Las economías han afrontado el legado de una elevada deuda pública y unos costes del servicio de la deuda incrementados por las altas tasas de interés. En este escenario, la prioridad ha sido promover la inversión en sectores estratégicos e I+D mediante deducciones en el impuesto sobre sociedades, manteniendo estable el tipo medio combinado del tributo.

No obstante, las presiones presupuestarias —impulsadas en parte por el aumento del gasto en defensa y los costes del envejecimiento poblacional— han obligado a buscar vías alternativas de recaudación. Para ello, numerosos países optaron por aplicar recargos o impuestos específicos sobre beneficios extraordinarios en sectores altamente rentables, como la banca y las instituciones financieras.

En el ámbito del impuesto sobre la renta personal (IRP), las reformas buscaron la progresividad mediante el alza de tipos máximos y mayores gravámenes a las rentas del capital, al tiempo que se mantuvieron incentivos para atraer talento cualificado. Paralelamente, las cotizaciones a la seguridad social experimentaron un aumento generalizado en sus tipos y bases imponibles para sostener los sistemas de protección social.

En cuanto al IVA, el foco se situó en la economía digital, exigiendo mayores obligaciones de recaudación a plataformas en línea y proveedores no residentes. Además, se redujeron las exenciones fiscales previas vinculadas a la transición ecológica y se retiraron ayudas temporales.

Por último, las reformas fiscales con fines de salud y medioambiente ganaron tracción. Destacó el incremento de impuestos sobre el tabaco (incluyendo nuevos productos de nicotina), el alcohol y las bebidas azucaradas, así como ajustes en los impuestos al carbono.

En definitiva, 2025 consolidó una fiscalidad quirúrgica: incentivos selectivos para la inversión productiva combinados con un mayor gravamen a sectores clave y rentas altas para sostener las finanzas públicas.

Redacción Consejeros
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