La nueva ruta ártica de China pone el foco en la batalla por la capacidad industrial

Por primera vez esta ruta comercial funciona con un horario semanal fijo. El avance de China en este punto, más que militar o diplomático, es de liderazgo en la construcción naval -y en drones, baterías y otros productos que pueden fabricarse a gran escala, un espacio donde EEUU ha perdido terreno.

China comenzó a operar el mes pasado una nueva ruta comercial regular entre Asia y Europa a través del Ártico, utilizando la Ruta Marítima del Norte bajo control ruso. El servicio conecta Ningbo con Felixstowe y Rotterdam en unos 20 días, aproximadamente la mitad del tiempo de la ruta tradicional por el Canal de Suez. Esto supone la consolidación de un "colchón" logístico de China frente a la creciente inestabilidad en el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz.

Para analizar las implicaciones de esto, el equipo de análisis de Natixis CIB liderado por Alicia García Herrero ha elaborado el informe "La Ruta de la Seda del Ártico de China ya es una realidad, y EE. UU. no puede hacer gran cosa al respecto", donde se señala que, aunque no es la primera vez que un barco chino cruza el Ártico, los volúmenes actuales son todavía reducidos y la ruta solo está operativa durante unos cuatro meses al año, el establecimiento de un servicio semanal supone un cambio relevante: convierte una experiencia puntual en un corredor comercial programable e integrable en las cadenas de suministro.

En él se detallan los puntos que realmente deberían preocupar a Occidente:

-La brecha industrial de los aliados: Mientras EE. UU. busca asegurar sus propias rutas árticas alternativas (como el Paso del Noroeste), se enfrenta a un obstáculo físico: la falta de capacidad. Rusia opera unos 45 rompehielos y China construye los suyos propios, mientras que EE. UU. apenas cuenta con dos operativos, viéndose obligado a contratar su construcción en el extranjero.

-Navegación bajo permiso, no por derecho: A diferencia de las aguas internacionales, esta ruta está bajo control total de Rusia. China ha "ingenierizado" su acceso haciendo a Moscú económicamente dependiente debido a las sanciones occidentales, legitimando así el control ruso sobre una vía estratégica para el comercio europeo.

-La nueva ruta funciona, por ahora, como una alternativa estratégica más que como un sustituto del Canal de Suez, pero gana atractivo ante el aumento de los riesgos y costes asociados al Mar Rojo y el estrecho de Ormuz.

-Una lección para España y Europa: El informe subraya que la verdadera moneda de esta competencia no es diplomática, sino industrial, tecnológica y productiva. La pérdida de la base manufacturera para producir a gran escala (desde buques hasta tecnología) es un riesgo directo para la autonomía estratégica de Europa. Según el análisis, una vez que se pierde esta capacidad industrial, no se puede recuperar rápidamente, puesto que requiere años y no puede resolverse únicamente mediante políticas comerciales o regulatorias.

Redacción Consejeros
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