En su reunión de ayer, el BCE ha mantenido sin cambios sus tipos de interés oficiales, tal y como se esperaba ampliamente. La presidenta Lagarde señaló que, aunque la decisión se adoptó por unanimidad, algunos gobernadores se plantearon si ya habría sido apropiado subir los tipos.
También explicó que el BCE prevé que la inflación se mantenga muy por encima de su objetivo hasta el primer semestre de 2027 y que el impacto total del encarecimiento de la energía todavía no se ha trasladado por completo a la economía. En nuestra opinión, esto aumenta el riesgo de que aparezcan efectos de segunda ronda. Aunque Lagarde insistió en que el BCE los está vigilando de cerca y que, por ahora, no se han detectado, seguimos esperando que el BCE vuelva a subir los tipos en septiembre, incluso aunque los precios del petróleo regresen a los niveles anteriores a la guerra. Tampoco vemos motivos para que el BCE revierta estas subidas de tipos el próximo año. La evolución de los datos seguirá siendo clave.
La resiliencia de la economía de la zona euro nos ha sorprendido positivamente. Pese al encarecimiento de la energía y a la elevada incertidumbre política, la actividad continúa creciendo a un ritmo moderado y los indicadores de confianza muestran una mejora. En este sentido, la presidenta también destacó que los principales motores del crecimiento económico siguen siendo sólidos, pese al endurecimiento de las condiciones financieras derivado de la subida de los tipos de interés. En particular, señaló que las actividades vinculadas a la inteligencia artificial contribuirán a sostener la actividad. En este escenario, el BCE puede centrar sus esfuerzos en contener la inflación, ya que el impacto de nuevas subidas de tipos sobre el crecimiento sería relativamente limitado.