Es absurdo seguir leyendo artículos sobre lo malo malísimo que es. Incluso quienes le van a votar el 29 de Noviembre lo saben. ¿Y con eso qué?. La grandeza de la democracia no está en elegir presidente entre 5 jóvenes y apuestos candidatos sin experiencia alguna (como nos ocurrió en 2019). Lo maravilloso es poder echar al desgraciado que se empeña en convertir a los orgullosos hijos de la Transición en los coléricos nietos de la Guerra Civil. Eso es lo que no pueden hacer en Cuba, ni en Corea del Norte, ni en...
Pero a estas alturas del partido -y aún dando por buenas las encuestas- es razonable plantearse un par de dudas. La primera: ¿Podrá España volver a cultivar un clima de concordia?¿Tiene vuelta atrás la degeneración que padecemos? ¿Se puede volver al misionero después de haberse dedicado al sado-maso?. Y en caso de que esta reversión a la “normalidad” sea posible ¿puede darse con un partido socialista que en lo que llevamos de siglo transita desde el pacto del Tinell, en 2003, al muro del 2023?. Difícil.
Cuando el PSOE eligió al hombre de las joyas -bobo y malvado a partes iguales- quedé a comer con un buen amigo, mano derecha de Guerra –aparato puro- para preguntarle de dónde salía semejante fichaje. “Sin duda es una apuesta arriesgada -me confesó- cogió el PSOE en León 12 puntos por encima del PP y se viene a la secretaría general en Madrid dejándolo 11 puntos por debajo” ¿Y entonces? “Pues llegó un momento en el que Guerra dijo que antes que un meapilas vaticanista (ya saben a quien se refería)... cualquiera”. El resultado, ya lo conocen.
Al actual secretario general tuve ocasión de conocerle en 2014, en un almuerzo en casa de un buen amigo. Solo le hice un comentario, creo que pertinente a la vista de dónde había dejado el país su antecesor: Hacemos una revista llamada Consejeros porque las personas jurídicas -igual da Coca Cola que el PSOE- son una ficción. Son los consejeros los que deciden hacer o no hacer algo y por eso los miembros del consejo de administración son en realidad administradores, no consejeros. Y su primera y más importante labor es elegir quién debe llevar la gestión. De modo que si el elegido pierde en un momento dado el oremus se le agradecen los servicios prestados y buscan a otro. Lo que no puede ser es que el consejo entero le siga hasta el precipicio... y se tire, con el país detrás. “Porque, sinceramente, como pandilla, la de Pablo e Irene es bastante más divertida”.
No hizo comentario alguno pero su mirada fue transparente. “Ni para traer los cafés me vale éste”. Una docena de años después, el personaje tiene un Consejo de Ministros y un partido socialista donde casi todos pugnan por llevarle el café al “puto amo”. Y ese sí es un problema. Porque de aquel PSOE que ya le gritaba lo de “¡con Rivera no!, ¡con Rivera no!” (o sea, que mejor con Pablo?) se fueron los Leguina, Redondo, etc... -hasta 27.000 afiliados han dejado el partido con él al frente- jaleados siempre por la prensa del otro lado del muro. Error. Lamentablemente, así se consigue un efecto radicalmente contrario al deseado, un partido aún más sectario y dispuesto a comulgar con ruedas de molino. La forma más razonable de poder volver a contar con el PSOE es justo la contraria, buscar 150.000 valientes dispuestos a afiliarse –por solo 6 euros al mes- para evitar que, como explica un ilustre socialista -Paco Vázquez- “haya que elegir hoy entre el PSOE y España”.