Del desempeño ESG al riesgo ESG en el análisis financiero

Varios profesores e investigadores del Institute for Advanced Research in Business and Economics (INARBE) de la Universidad Pública de Navarra analizan si las previsiones de los analistas financieros sobre las compañías que gestionan mejor sus riesgos ESG son más precisas.
ESG
(kazuend, Unsplash)
Actividad Corporativa

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Durante la última década los analistas financieros han ido incorporando a su trabajo un tipo de información para la que sus modelos predictivos no estaban preparados, ya que se trata de información que ha ido surgiendo con el tiempo y que hoy contribuye a mejorar el funcionamiento de las empresas. A los estados financieros tradicionales se han sumado informes de gobierno, ratings ESG, taxonomías y, más recientemente, los estados de información de sostenibilidad derivados de la CSRD. Todo ello contribuye positivamente: la divulgación ESG favorece previsiones más ajustadas por parte de los analistas financieros y mitiga el exceso de optimismo presente en sus estimaciones, en particular cuando la empresa muestra además una buena salud financiera.

Los indicadores ESG miden lo que la compañía hace en materia de sostenibilidad, su desempeño, pero nada dicen de lo que puede ocurrirle por aquello que se ha hecho. Esta es una cuestión distinta y, para quien, como los analistas, tiene que anticipar un beneficio, seguramente más pertinente. El riesgo ESG es la parte del valor económico de la empresa expuesta a contingencias ambientales, sociales o de gobernanza. Lo uno no conlleva necesariamente lo otro, y hay indicios de que puede ocurrir incluso lo contrario: una fuerte implicación ESG puede llevar a aumentar la exposición al riesgo, porque eleva también las expectativas de los grupos de interés y porque buena parte de esas iniciativas son cualitativas y difíciles de verificar. Así, si la gestión del riesgo ESG reduce la incertidumbre sobre los resultados futuros, debería reflejarse también en la calidad de las estimaciones de quienes intentan anticiparlos, los analistas financieros.

De ahí la pregunta: ¿son más precisas las previsiones de los analistas financieros sobre las compañías que gestionan mejor sus riesgos ESG?

Para dar respuesta a esta pregunta, en el trabajo «The Impact of ESG Risk on Financial Analysts’ Forecast Accuracy» se analizan 583 compañías cotizadas de 46 países, desarrollados y emergentes, a lo largo de nueve ejercicios económicos, de 2015 a 2023: 3.873 observaciones en total. La precisión de las previsiones se mide a partir del error cometido por los analistas financieros, calculado como la diferencia, en valor absoluto, entre el beneficio por acción publicado por la compañía y la previsión de consenso para ese mismo ejercicio. Para facilitar la interpretación, valores más próximos a cero indican previsiones más precisas. Las previsiones y los datos financieros utilizados proceden de LSEG Workspace; el ESG Risk Score y sus dos componentes (exposición y gestión), de Sustainalytics; el reconocimiento en sostenibilidad, del Sustainability Yearbook de S&P Global. En los análisis empíricos se tiene en cuenta el tamaño, la rentabilidad, el peso de los activos tangibles, el crecimiento en ventas y el endeudamiento de las compañías, además de controlar por los efectos que puedan tener la localización y las dinámicas temporales.

Principales resultados: implicaciones para los profesionales

1.El riesgo que no se gestiona se paga en precisión

Sustainalytics clasifica a las compañías en cinco niveles de riesgo ESG, desde insignificante hasta severo. El Gráfico 1 recoge, para cada uno de esos niveles, cuánto se desviaron en promedio las previsiones. Las compañías de riesgo insignificante se desvían 0,13 de media y las de riesgo severo, 0,53. Es decir, a mayor nivel de riesgo ESG, menor precisión en las estimaciones realizadas por el analista.

Esa primera señal se confirma al estimar el modelo, que mide el efecto del riesgo ESG una vez descontado el de las demás características de la compañía (tamaño, rentabilidad, endeudamiento) país y año. El efecto del ESG Risk Score sobre la precisión es negativo, diez puntos más de riesgo amplían la desviación en torno a 0,05, alrededor de un 14% del error medio. Para quién sigue una cartera de compañías comparables, ésa es la diferencia.

La razón de fondo es sencilla. Un riesgo mal gestionado por la compañía genera información difícilmente verificable y cuantificable. Se sabe que el riesgo existe, pero no hay datos con los que incorporarlo a la previsión, de modo que queda fuera de ella y reaparece más tarde de forma imprevista.

2.El reconocimiento no protege: expone

Cabría esperar que las compañías premiadas por su sostenibilidad escaparan a este efecto. Sin embargo, sucede lo contrario. El Sustainability Yearbook de S&P Global distingue cada año a las mejores empresas de cada industria con un medallero (oro, plata, bronce e industry mover), y al cruzar esa distinción con el nivel de riesgo ESG el efecto sobre la precisión no se atenúa: se agrava.

La explicación más plausible tiene que ver con el escrutinio. De una compañía distinguida se espera precisamente que gestione bien estos riesgos. Cuando no lo hace, el contraste con lo que se esperaba de ella es mayor, y mayor es también el desajuste que provoca en las expectativas del mercado. La distinción atrae atención y, con ella, exigencia. Para quien analiza, la consecuencia práctica es clara: un premio de sostenibilidad informa de la posición relativa de la compañía frente a sus pares, no de la solidez con que gestiona su riesgo, y no sustituye al análisis.

3.Pesa más la gestión que la exposición

El resultado de mayor utilidad práctica se obtiene al descomponer el indicador de riesgo en sus dos componentes. Sustainalytics distingue entre la exposición, cuánto riesgo ESG trae consigo la actividad de la compañía, algo que depende sobre todo de su sector y que difícilmente puede evitar, y la gestión, qué parte del riesgo está efectivamente atendida. Vistos por separado, es la gestión o, más exactamente, su ausencia, la que deja huella en las previsiones.
 

La calidad de la gestión mejora la precisión de manera clara. La exposición, en cambio, apenas muestra efecto, y el poco que tiene se desvanece al introducir el conjunto completo de controles. El reconocimiento externo, además, deja aquí de importar: los beneficios de gestionar bien no dependen de que nadie los haya premiado.

El mercado, a través del análisis, no penaliza operar en un sector intensivo en emisiones o con cadenas de suministro complicadas. Penaliza no saber manejarlo. Es una noticia razonablemente buena para las compañías de sectores expuestos, porque la única variable sobre la que pueden actuar es justamente la que marca la diferencia.

Conclusiones e implicaciones

El riesgo ESG ha dejado de ser un asunto reputacional para convertirse en un problema de calidad de la información, y como tal debería entrar en el modelo de valoración: como ajuste de la prima de riesgo, como escenario alternativo o como factor que explica la mayor o menor precisión de los analistas.

Conviene además cambiar el criterio con el que se evalúa a cada compañía. Saber si es sostenible conduce a una calificación global o a un galardón, y ninguna de las dos cosas anticipa el comportamiento de sus beneficios. Lo que sí lo anticipa es la parte de su riesgo ESG, y medirla exige mirar por separado la exposición y la gestión, algo que no todos los proveedores de datos permiten con la misma claridad.

A las compañías les corresponde la otra parte del trabajo. Informar de los procesos y las capacidades con los que se gestiona el riesgo, y no sólo de exposiciones y de indicadores de desempeño, reducir la asimetría de información y mejorar la cobertura que reciben. Es también la dirección en la que empujan la CSRD y los estándares del ISSB, de modo que el incentivo regulatorio y el de mercado apuntan al mismo sitio.

La credibilidad ante el mercado, en definitiva, no la da el reconocimiento obtenido sino la coherencia entre lo que la compañía cuenta sobre su sostenibilidad y lo que de verdad es capaz de gestionar. Para quienes elaboran previsiones, esa coherencia se ha convertido en una variable más.

Cuestiones pendientes

Ninguna de estas conclusiones cierra el asunto. Queda por entender el papel del marco regulatorio: comparar mercados sujetos a exigencias de divulgación distintas diría si la CSRD y los estándares del ISSB están estrechando de verdad la brecha de información o simplemente trasladándola a otros indicadores. Y existe, sobre todo, una pregunta que atañe directamente a la profesión: si la formación específica en análisis ESG, la que acreditan certificaciones como la CESGA, se traduce en previsiones más precisas para quien la posee. Sería la manera más directa de comprobar que entender estos riesgos no es sólo una exigencia del momento, sino una ventaja analítica.

Instituto Español de Analistas

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