Pensando cómo definir la actual legislatura cuando ha rebasado los dos tercios de singladura, no resulta sencillo elegir una definición. Podría servir averiada, o complicada, incierta, inútil, estéril, frágil… pero me quedo con algo más genérico que es “rara”, entendido como de singular excepción, como única, aunque pudiera ser prólogo de lo que nos queda por conocer. La singularidad empieza desde el minuto uno, desde su constitución. Se fundamenta en dos pactos de coalición entre partidos con representación parlamentaria, que a su vez se subdividen en varios más de trasparencia y eficacia limitadas. En primer lugar, un pacto de gobierno de coalición entre PSOE-PSC y Sumar que sumaba 154 escaños, del que se han bajado cuatro diputados de Podemos hoy adscritos al grupo mixto. Y además otro pacto de investidura (que no de legislatura, aunque aguanta a falta de otra alternativa) que añade 27 escaños (dos grupos catalanes, dos vascos, y diputados gallego (1), valenciano (1) y, eventualmente, otro canario. Todo depende del precio de cada votación. De todo eso sale la mayoría de investidura con 181 votos, frente a 169 votos de la alternativa. De manera que se trata de una legislatura con demasiadas muletas para caminar, aunque sin alternativa ya que cualquier otra opción es poco ilusionante para los partidos nacionalistas que otorgan la mayoría. De manera que una mala salud sin opción.
Todo eso no es óbice para que dure ya que el número 1 de las coaliciones antepone acabar la legislatura a cualquier otra alternativa. El óptimo es durar y no hay subóptimos aceptables. El resultado es que el desarrollo de la actividad parlamentaria, sobre todo en su faceta legislativa sea muy incierto. Buena prueba es que a lo largo de la legislatura no se ha aprobado ningún proyecto de Presupuestos Generales, ni siquiera se ha presentado el de este año 2026, con manifiesto incumplimiento del artículo 134 de la Constitución que en su apartado tercero reza: “El Gobierno DEBERÁ presentar ante el Congreso los Presupuestos Generales del Estado, al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior”.
Dos tercios de legislatura han permitido aprobar hasta 60 leyes (en buena medida decretos ley) que contrasta con las 291 aprobadas en la legislatura anterior. En lo que va de año se han aprobado 8 leyes (6 para convalidar decretos ley), una sobre economía social y una proposición de ley sobre multirreincidencia. Y el gobierno ha fracasado con cuatro decreto ley no convalidados. El desempeño legislativo, a medida que avanza la legislatura no puede ser más pobre. Efectivamente el Presidente del Gobierno acertaba cuando anunció que se puede gobernar sin recurrir al Parlamento, por raro que pareciese tal afirmación en su momento. Todo ello justifica el calificativo de “rara, rara, rara” aplicado a la legislatura y a la evolución política española que algunos pretenden que es lo habitual en Europa, pero que no lo es tanto. ¿Cuántos países carecen de Presupuesto, tres ejercicios consecutivos, pese a sus complejas coaliciones? Pues eso, “rara, rara, rara”.