Hemos minusvalorado la política industrial, definiendo la transición energética en términos ideológicos, no tecnológicos y de seguridad de suministro, amén de dar la espalda al desafío de un sistema europeo integrado de ciencia, tecnología, industria e innovación. Ahora nos encontramos ante el riesgo de 29 millones de puestos de trabajo expuestos a la competencia china, según previsiones del BCE.
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