Felipe Villaroel ( Vontobel) | Lo que busca un gestor de renta fija es un entorno de crecimiento bajo pero positivo, inflación contenida, bancos que no tomen demasiado riesgo y sectores tecnológicos y de mayor riesgo poco representados. La razón es simple: cobra el mismo cupón y recupera el mismo principal independientemente de cuánto crezca una compañía. No participa de las ganancias extraordinarias que podrían venir como consecuencia de tomar más riesgo. Por eso no le interesa el dinamismo, sino la estabilidad.
Europa cumple esas condiciones mejor que Estados Unidos. Y eso es exactamente lo contrario de lo que busca el inversor en renta variable, que sí quiere crecimiento, empresas que tomen riesgo y mercados dinámicos. Todo lo que lastra al mercado bursátil europeo frente al estadounidense —menor crecimiento, más regulación, menos dinamismo, sectores tecnológicos poco desarrollados— es precisamente lo que convierte a su deuda en un activo atractivo. Son dos caras de la misma moneda.
Los números lo confirman. Si se miran los retornos acumulados a distintos plazos —diez años, siete, cinco, tres— en distintas clases de activos de renta fija —investment grade, high yield, financieros— y se hace la cobertura de divisas, la mayoría del tiempo los índices en libras y en euros baten a los índices en dólares. Lo que hace al S&P más atractivo que los índices europeos en bolsa es, en el fondo, lo mismo que hace a la renta fija europea más atractiva que la estadounidense. Una paradoja que los inversores centrados en el cupón conocen bien, pero que rara vez se articula con tanta claridad.