Cuatro canales por los que el aumento de los rendimientos de la deuda soberana se transmite al crédito corporativo, por Scope Ratings

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(Nasa)
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Los estrechos diferenciales del crédito corporativo en Europa aún no reflejan el efecto multiplicador del aumento de los rendimientos de la deuda soberana, que está destinado a trasladarse a las empresas a través de mayores costes de refinanciación, condiciones crediticias más estrictas, un apoyo fiscal más limitado y una demanda más débil.

Los rendimientos de la deuda pública han aumentado en las economías avanzadas debido al incremento de las primas a plazo, las preocupaciones por la inflación y las presiones fiscales.

Para los emisores corporativos europeos, este impacto se deja sentir a través de unas condiciones de refinanciación más exigentes, un sistema financiero fuertemente dependiente de los bancos, unos presupuestos públicos más restringidos y un crecimiento económico débil. El propio Banco Central Europeo considera los mercados de deuda soberana como un canal central de transmisión y ha advertido, en su informe sobre estabilidad financiera publicado en mayo de 
este año, que una revalorización de estos activos podría trasladarse tanto a los costes de financiación bancaria como a los de las empresas.

Pero ¿cómo se propaga el riesgo desde los mercados de deuda soberana hasta el crédito corporativo?

1.    La refinanciación es el principal canal de transmisión del riesgo soberano al riesgo corporativo

El primer canal de transmisión es, probablemente, la refinanciación: unos mayores rendimientos de la deuda soberana elevan el coste mínimo de financiación para las empresas, especialmente en un entorno en el que la deuda emitida con cupones bajos va venciendo progresivamente.

La consecuencia inmediata es una mayor absorción de caja por parte de las empresas, ya que la presión financiera se materializa antes que la presión sobre la solvencia. En sectores dependientes de las valoraciones, como el inmobiliario, el efecto puede amplificarse, ya que unos tipos de interés a largo plazo más elevados pueden aumentar simultáneamente los costes de refinanciación y reducir el valor de los activos que respaldan dichos costes, incluso si el rendimiento operativo subyacente permanece inalterado.

La buena noticia hasta ahora es que los diferenciales del crédito corporativo siguen estando en niveles históricamente reducidos y significativamente más ajustados que en 2025 y 2024. Sin embargo, la otra cara de la moneda es que, aunque la tasa libre de riesgo subyacente de la deuda soberana se ha revalorizado, la prima exigida por el riesgo corporativo no lo ha hecho. En este sentido, la transmisión del riesgo sigue siendo incompleta.

No obstante, la presión ya es visible. Según datos del Banco Central Europeo (BCE), en el segundo trimestre de 2026, el 43% de las pequeñas y medianas empresas de la zona euro informó de un aumento en los tipos de interés de los préstamos bancarios, frente al 24% registrado apenas un trimestre antes. Las compañías de mayor tamaño también se vieron afectadas, aunque los prestatarios más pequeños suelen disponer de menos alternativas de financiación. Considerando el conjunto de las empresas, el 31% declaró un incremento de las comisiones y gastos bancarios, mientras que el 10% señaló un endurecimiento de los requisitos de garantías.

2.    Las condiciones crediticias son un segundo vector importante de transmisión del riesgo

El segundo canal de transmisión es la oferta de crédito. Según investigaciones del Banco Central Europeo (BCE), los bancos de la zona euro endurecieron los criterios de concesión de crédito a las empresas en un 10% neto durante el primer trimestre de 2026 y volvieron a endurecerlos en el segundo trimestre del mismo año.

Se trata de un efecto acumulativo: a medida que las variaciones de los tipos de interés modifican el coste de la liquidez, el endurecimiento de las condiciones por parte de los bancos influye cada vez más en la cantidad de financiación disponible.

Esta distinción es especialmente relevante para las empresas más pequeñas y vulnerables, que no pueden sustituir fácilmente la financiación bancaria por otras fuentes. El crédito privado puede cubrir parte de ese vacío, pero también puede trasladar el problema hacia otros tipos de riesgo crediticio y a diferentes prácticas y convenciones de mercado.

3.    Las tensiones fiscales también transmiten riesgo a los prestatarios corporativos

El tercer canal de transmisión es el fiscal. Unos mayores rendimientos de la deuda soberana incrementan los costes del endeudamiento público justo cuando los gobiernos europeos afrontan crecientes necesidades de inversión en defensa, infraestructuras, seguridad energética y transición energética.

La capacidad fiscal es cada vez más limitada, lo que también restringe la capacidad de los gobiernos para amortiguar el impacto de una nueva perturbación económica sobre los hogares y las empresas, tal como hicieron durante la crisis energética de 2022.

Para las empresas, el estrés soberano puede llegar, por tanto, de forma indirecta a través de una combinación de menor inversión pública, reducción de subvenciones y un menor apoyo en situaciones de crisis. Los sectores que parecen más vulnerables son la construcción, los servicios públicos, las energías renovables, las infraestructuras y las industrias intensivas en consumo energético.

4.    La debilidad de la demanda constituye el cuarto canal de transmisión

La demanda, o más bien la falta de demanda, constituye el cuarto canal de transmisión. Las empresas que afrontan mayores costes de financiación y la incertidumbre comercial asociada a los elevados precios de la energía, las disputas comerciales y la inestabilidad geopolítica tenderán a reducir sus inversiones, incluso cuando aumente la presión competitiva.

Al mismo tiempo, a medida que los precios suben y los mercados laborales se deterioran, los hogares con acceso limitado al crédito reducirán su gasto. En ese momento, la presión financiera deja de ser únicamente un problema de financiación para convertirse en una cuestión fundamental para el propio negocio.

Los indicadores financieros pueden deteriorarse con rapidez: una caída del 15 % en el Ebitda puede hacer que el apalancamiento aumente de 3 veces a más de 3,5 veces, mientras que los gastos por intereses aplicables habrán aumentado simultáneamente. Esto obliga a los equipos directivos a abordar al mismo tiempo tanto la evolución de los beneficios como el fortalecimiento del balance.

Vigilar las tasas de impago

En este frente ya observamos algunas señales tempranas de tensión. Las quiebras empresariales en la zona euro continúan aumentando: según datos de Eurostat, el segundo trimestre de 2026 registró el mayor número de declaraciones de insolvencia de la Unión Europea desde 2019.

Las carteras de préstamos corporativos de los bancos siguen mostrando, en términos generales, una notable resiliencia. El seguimiento trimestral de los préstamos dudosos (NPL) de los bancos de la UE realizado por Scope refleja una calidad de los activos generalmente estable, aunque el deterioro durante 2026 continúa siendo nuestro escenario base.

Por ahora, no estamos presenciando un deterioro generalizado, sino una concentración de los problemas entre los prestatarios más vulnerables. Esto significa que es probable que continúe la divergencia en las calificaciones crediticias a medida que las condiciones empeoren, con los emisores que presentan balances más débiles sufriendo una presión desproporcionadamente mayor que aquellos con mejores calificaciones.

El mercado estadounidense también ofrece un contraste útil: unos mercados de capitales más diversificados reducen la dependencia de la transmisión del riesgo a través del sistema bancario, aunque las vulnerabilidades podrían ser mayores en los segmentos de financiación apalancada y mercados privados. Europa suele estar más expuesta a una transmisión del riesgo que va de la deuda soberana a los bancos y de estos a la economía real. Sin embargo, también están aumentando las preocupaciones sobre las consecuencias del endeudamiento público estadounidense, que ya supera los 40 billones de dólares, mientras la actual administración mantiene elevados déficits fiscales al tiempo que reduce los impuestos.

La evolución de los diferenciales indicará cómo se transmite el riesgo al sector corporativo

Esto nos devuelve a la cuestión de los diferenciales de crédito. Las vulnerabilidades corporativas irán cambiando a medida que avance el proceso de transmisión del riesgo.

Los primeros en verse afectados son los prestatarios altamente apalancados y dependientes de la refinanciación. A continuación, les siguen las pymes y las empresas que dependen en gran medida de la financiación bancaria, a medida que la oferta de crédito se endurece. Las restricciones fiscales afectan posteriormente a los sectores dependientes de las políticas públicas, antes de que la debilidad de la demanda alcance a los emisores cíclicos y orientados al consumo.

En el caso de los emisores con grado especulativo pero solventes (sub-investment grade), el riesgo de refinanciación aumenta progresivamente con el tiempo. Por su parte, los emisores con calificación BBB y necesidades intensivas de capital deberán adaptarse para evitar presiones a la baja sobre sus calificaciones crediticias.

En resumen, el aumento de los rendimientos de la deuda soberana puede actuar como un multiplicador del riesgo crediticio. La cuestión no es si la tasa libre de riesgo está aumentando, sino hasta dónde llegará el impacto de ese shock y si los actuales diferenciales tan comprimidos reflejan realmente resiliencia o simplemente la parte de la transmisión del riesgo que todavía no se ha materializado.
 

Karl Pettersen
Director de calificaciones corporativas en Scope Ratings

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