"Los inversores se preguntan cada vez más qué bonos del Estado de los mercados desarrollados siguen constituyendo refugios seguros. En mi opinión, hacen bien en hacerlo". Es lo que está detrás de los movimientos en el mercado de deuda europeo, que lleva meses emitiendo señales preocupantes, según Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard.
La escalada de la prima de riesgo de Francia es el dato más relevante. El diferencial entre el bono del Estado francés y el bund alemán se ha ampliado en 81 puntos básicos (pb), hasta 137 pb, entre el comienzo de la guerra de Irán y el 5 de octubre, niveles no vistos desde la crisis de deuda de la zona del euro de 2011-2012. Temple recuerda que los diferenciales de rendimientos de los bonos soberanos de los países periféricos europeos respecto a Alemania, que se dispararon cuando la crisis de la deuda de Grecia desencadenó los temores a impagos en cadena, volvieron posteriormente en general a converger. Por eso, la reciente ampliación en Francia, Italia y España “está suscitando inquietudes sobre un cambio subyacente en la confianza de los mercados”, afirma.
El estratega de Lazard destaca que Francia “va a la cabeza, en la dirección equivocada”, en un contexto de deuda creciente (la ratio de deuda neta sobre el PIB alcanzó el 117,6% en el primer trimestre de 2026) e incertidumbre política (el país ha tenido cuatro primeros ministros en los últimos cinco años, en gran parte debido a su incapacidad para ponerse de acuerdo sobre paquetes de medidas fiscales que reduzcan el déficit público de forma suficiente). Con dificultades para alcanzar un objetivo de déficit del 5% del PIB y un crecimiento nominal del 3%, la ratio deuda/PIB del país “parece destinada a aumentar aún más” y, “para agravar la situación”, el compromiso de aumentar su gasto en defensa del 2,2% del PIB en 2025 “sugiere que cumplir los futuros objetivos presupuestarios será aún más difícil si no se llevan a cabo importantes reformas estructurales”, explica.
Italia, cuyos diferenciales han alcanzado 113 pb (máximo en 16 meses), ha seguido una trayectoria más responsable desde el punto de vista fiscal en los últimos años y ha disfrutado de un contexto político interno relativamente estable, pero su gobierno es uno de los más endeudados del mundo desarrollado: la ratio deuda/PIB, “su principal reto”, ascendía al 138,9% en el primer trimestre de 2026.
En el caso de España, el diferencial se sitúa en 63 pb. Temple sostiene que es el país mejor situado de los tres, dado que su tasa de crecimiento real del PIB (3,8% de media durante los últimos 5 años), impulsada en gran medida por los elevados niveles de inmigración, le ha permitido reducir su ratio deuda/PIB hasta el 101,6% en el primer trimestre. El experto reconoce, no obstante, que las elecciones anticipadas al 29 de noviembre “podría dar lugar a unas perspectivas fiscales menos positivas, dependiendo de la composición de la coalición de Gobierno resultante”.
Para el estratega, Alemania es un caso aparte por tratarse de uno de los principales emisores de deuda soberana de menor riesgo a nivel mundial y el punto de referencia con el que se comparan los demás gobiernos europeos. “Se enfrenta a sus propios riesgos políticos internos, pero con una ratio deuda/PIB del 64,4% a fecha del primer trimestre de 2026, destaca con creces por encima de las demás grandes economías de la zona del euro”, justifica.
Temple incide en que a los inversores les resulta difícil confiar en cualquier país con una elevada ratio deuda/PIB y elevados déficits anuales recurrentes que hacen que su deuda no deje de crecer. “España ha ido avanzando y podría seguir haciéndolo, pero los inversores están perdiendo la paciencia con Francia e Italia. Dado que los riesgos geopolíticos obligan a los gobiernos a aumentar drásticamente el gasto en defensa, la flexibilidad fiscal de los gobiernos europeos se está reduciendo y los inversores en bonos muestran una gran inquietud”, concluye.