Occidente, pendiente del renminbi digital (que sí paga intereses)

Los países occidentales trabajan en monedas digitales que no paguen intereses, para no hacer la competencia a los bancos comerciales. Pero China y su proyecto mBridge, con el que ha puesto en marcha el renminmbi digital, sí permiten obtener rendimientos.

Hasta ahora, el debate sobre el renminbi digital y el Proyecto mBridge (la plataforma desarrollada por China junto al Banco Internacional de Pagos y los bancos centrales de Tailandia, EAU y Hong Kong) se centraba en si China lograría saltarse el sistema SWIFT, controlado por Occidente. La plataforma ya ha gestionado unos $69.000 millones en liquidaciones transfronterizas pero la verdadera revolución no es solo el canal (mBridge), sino la mutación del propio e-CNY (el renminbi digital) que se ejecutó a inicios de 2026.

En Occidente, el gran miedo de la Fed y del BCE se llama desintermediación bancaria. Si el BCE crea un "euro digital" y le da intereses, vd sacaría su dinero del banco comercial de su barrio (que puede quebrar) y lo metería en el Banco Central (que es 100% seguro). Eso destruiría a la banca comercial, que se quedaría sin depósitos para dar créditos. Por eso Occidente quiere un euro digital que no pague intereses y que tenga un límite máximo (por ejemplo, un tope de 3.000€ por ciudadano).

China no ha hecho que el Banco Central pague intereses pero ha dicho que el e-CNY – el renminbi digital- que vd tiene en el móvil se considera, a efectos legales, un pasivo del banco comercial que le da la app. Al hacerlo, ese e-CNY genera intereses de depósito tradicionales y cuenta con el respaldo del fondo de garantía de depósitos, pero opera sobre la infraestructura hipercontrolada y rastreable del Banco Central.

A nivel interno, el e-CNY era un fracaso relativo. Los ciudadanos chinos utilizan Alipay (Ant Group) y WeChat Pay (Tencent) y al Estado comunista no le hacía gracia que el tejido transaccional del país estuviera en manos de dos gigantes tecnológicos privados. Al permitir que los monederos de e-CNY den rendimientos (intereses), Pekín crea un incentivo masivo para que los ciudadanos migren sus fondos de las BigTech al nuevo ecosistema respaldado por el Estado, camuflándolo dentro de la banca tradicional.

Pese a todo, no está claro que el renminbi digital vaya disputar la soberanía mundial del dólar. El dólar es el rey no solo porque EE. UU. sea fuerte, sino porque cualquiera puede comprar, vender y sacar dólares de EE. UU. cuando quiera sin que el gobierno le pregunte. Con el renminbi digital, de momento, pasa lo contrario. Por mucho que un banco extranjero en mBridge gane intereses con el e-CNY, si luego no puede mover libremente esos fondos fuera de China debido a los estrictos controles de capital de Pekín, ningún gran gestor de fondos soberanos lo querrá como activo de reserva. Servirá para pagar comercio bilateral (comprar petróleo o microchips), pero no sustituirá al dólar como refugio seguro a corto plazo.

En todo caso, al convertirse en la capa de software sobre la que corren los depósitos privados, el Estado chino puede ver en tiempo real cómo se mueve el dinero de los depósitos bancarios, aplicar políticas monetarias de precisión quirúrgica (por ejemplo, dar un estímulo que caduque si no se gasta en 30 días) y expandir el control estatal a niveles nunca vistos.

En resumen, China ha dejado de teorizar y ha lanzado el experimento económico más importante de la década. Occidente está mirando con una mezcla de fascinación y pánico: si sale bien, China habrá rediseñado las reglas del dinero moderno; si sale mal y desestabiliza su banca, habrán provocado su propia corrida bancaria digital.

Redacción Consejeros
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