Conviene no confundir reestructuración y concurso de acreedores. Son instrumentos distintos para momentos diferentes de una crisis empresarial. A la primera se acude básicamente cuando todavía existe margen para la viabilidad de la compañía, mientras a la segunda se recurre cuando la insolvencia ya es un hecho. Abencys, firma especializada en reestructuraciones y concursal, apuesta claramente por la reestructuración como una herramienta de control para actuar antes de que la crisis limite las opciones disponibles.
“La mejor forma de gestionar una crisis empresarial es no llegar tarde a ella. Una reestructuración bien planteada permite a la compañía ordenar su situación antes de que otros tengan que hacerlo por ella”, señala Alejandro Ingram, socio de Abencys.
Cuando una compañía anticipa su deterioro financiero, puede diseñar su propia hoja de ruta, analizar alternativas de viabilidad, ordenar su estructura de deuda y mantener una mayor capacidad de control sobre el proceso. Por el contrario, cuando se espera hasta que la compañía alcanza una situación de insolvencia, muchas decisiones pasan a depender del procedimiento concursal y, en determinados supuestos, de la administración concursal designada judicialmente.
La elección de la vía de la reestructuración resulta especialmente relevante en compañías con estructuras financieras complejas, múltiples acreedores, tensiones operativas o activos estratégicos cuya pérdida podría generar una destrucción significativa de valor. En estos casos, la anticipación permite a las empresas negociar desde una posición más ordenada, preparar información financiera fiable, establecer un relato de viabilidad creíble y generar confianza entre acreedores, proveedores, socios e inversores.