Las subidas de tipos tiñen de rojo los fondos

Tras las últimas subidas de tipos del BCE y la FED, 12.379 de los 43.688 fondos que analiza VDOS, el 28%, estaban en negativo, en lo que va de año, al acabar septiembre. Ya fuera con pérdidas mínimas, de sólo el -0,01% YTD (Year to Date), como las del GVC Gaesco Crossover, ya fuera con pérdidas más serias, desde el -1,16% de Fondmarch FI A o el -3,22% del Sabadell bonos euro hasta el -5,43% del Amundi Euro Government Bond 25+Y. Esto sin tener en cuenta una inflación -del 4,9%- que multiplica las pérdidas "reales".

Generalizar lleva, con frecuencia, a olvidar a la tropa. No es el caso. La debacle en la renta fija –aunque inferior al desastre de 2022, cuando los tipos subieron en flecha- es incontestable. Así que no hay gestora, nacional o extranjera, que no tenga algún fondo de renta fija en negativo. 

Y en España la renta fija pura representa más del 40% del patrimonio de los fondos de inversión domésticos –que no son más de 1.800- y está presente en mayor o menor medida en más de dos tercios del total. Porque en España la aversión al riesgo es tal que, como señala José Mª Marcos Bermejo, director general de Entidades de la CNMV, el patrimonio que dedican las IIC españolas a renta variable pura no va más allá del 16%, “un tercio del que se dedica en los países de nuestro entorno”. En nuestro país, más de un 15% de los hogares tiene fondos de inversión, y más de un 20% planes de pensiones y en todos la prevalencia de la renta fija es sustancial. Preservar el capital es, siempre, la premisa inicial. Y esa idea se asocia -sin demasiado fundamento- con la renta fija, más que con la renta variables.

En todo caso ¿Cómo imaginar que un fondo de “Retorno Absoluto” te va a dar un -3,37% en nueve meses cuando su objetivo es “conseguir una apreciación del capital a través de un enfoque de inversión flexible, centrado en la diversificación y el control de riesgos” para lo cual “invertirá sus activos directa o indirectamente en una cartera diversificada de valores de deuda y de renta variable y buscará la exposición a las estrategias de retorno absoluto…” (BBVA Durbana International Fund Absolute Conviction B CHF CAP).

La "era dorada de la renta fija"

Se atribuye a Churchill la idea de que “el éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”. Desde ese punto de vista, es innegable que los fracasos de 2022, como este de 2026, no serán obstáculo para mantener esa obsesión tan española por la renta fija. También es de justicia reconocer que, a principios de este año la inflación parecía controlada y que a excepción de un muy pequeño puñado de gestoras -UBS, Pictet...- todas las casas de análisis enfatizaban con enorme convicción las ventajas de tomar posiciones en deuda con buena calificación (IG) e incluso de alto rendimiento (HY), a plazos cuanto más largos, mejor, para obtener el máximo rendimiento a la inversión. 

Había que posicionar las carteras en renta fija ante las bajadas de tipos de interés esperadas por parte de los bancos centrales. Así que en sus directrices estratégicas del año (Investment Directions), BlackRock, la mayor gestora del mundo, subrayó la importancia de asegurar ingresos estables y recomendó bonos con un enfoque en duración y estrategias de vencimiento para fijar las rentabilidades elevadas antes de que las bajadas de tipos las redujeran. 

PIMCO, la firma especializada en renta fija, calificó el inicio de ciclo como la "era dorada de la renta fija" (prime time for bonds). Su recomendación principal se centró en los bonos gubernamentales de calidad y de duración media (de 5 a 7 años), argumentando que permitían capturar rentabilidad de cupón y generar plusvalías si las economías se desaceleraban.

En sus guías anuales de mercado (Guide to the Markets), J.P. Morgan Asset Management situó la deuda corporativa de alta calidad (Investment Grade) como una de sus apuestas predilectas. Recomendaba sobreponderar bonos de empresas sólidas -sobre la renta variable- argumentando que las valoraciones de las acciones eran exigentes, mientras que la deuda ofrecía cupones históricamente atractivos con menor volatilidad.

28 de febrero

Amundi, la mayor gestora europea, estimó que las bajadas de tipos acelerarían el atractivo de la renta fija y aconsejó centrarse en la deuda corporativa europea de buena calidad crediticia y en emisiones soberanas para asegurar cupones antes de que las tasas oficiales siguieran descendiendo... Hoy tiene más de dos centenares de fondos que ofrecen rentabilidades negativas en lo que llevamos de año. Los más perjudicados, claro, los fondos de deuda pública de largo plazo. Son los más sensibles a los repuntes de las TIR soberanas y en carteras con una duración de 7 a 10 años el fondo puede perder entre un 7% y un 10% de su valor por cada 1% que sube el rendimiento en el mercado secundario.

Es lo que sucede con el Vanguard Euro Government Bond Index Fund un fondo indexado muy popular en España que replica la deuda soberana de la Eurozona. Al tener una duración media cercana a los 7-8 años, cualquier ajuste al alza en las curvas de rendimiento gubernamentales impacta directamente de forma negativa en su valor liquidativo a corto plazo. Fondos tradicionales de las redes bancarias españolas que invierten en crédito corporativo y/o deuda pública europea, como el AXA World Funds - Euro Credit, el Schroder ISF EURO Corporate Bond... también están sufriendo

Y el problema se puede agudizar con los fondos globales de renta fija sin cobertura de divisa, donde los inversores españoles sufren una doble pérdida cuando el dólar se deprecia frente al euro y cuando el bono estadounidense sube de rendimiento, caso del PIMCO GIS Total Return Bond -uno de los fondos de renta fija global más emblemáticos y de mayor patrimonio del mundo- o del Amundi Funds Global Bond.

En enero de este año, la debacle de 2022 parecía casi olvidada, aunque lastraba todavía la rentabilidad de miles de fondos. Y nadie podía imaginar que solo un par de meses después, el 28 de febrero, EE.UU. e Israel atacarían Irán, se cerraría el estrecho de Ormuz y el petróleo encararía los 100 dólares por barril. Mucho menos, que el conflicto se enquistaría con el consiguiente efecto en la inflación.

Pero tras el 28 de febrero, el consenso del mercado cambio de postura y los analistas comenzaron a poner en cuarentena las recomendaciones hechas a principios de año. Esperar y ver parecía lo más prudente. El efecto cascada que una fuerte -y persistente- subida del precio del petróleo podía tener en la inflación podía obligar a actuar a los bancos centrales. Y una subida de tipos podía hundir los precios de los bonos recomendados sólo dos meses atrás.

Pese a todo, hubo gestoras recalcitrantes: El 3 de marzo, Karsten Junius, economista jefe en J. Safra Sarasin Sustainable AM. apuntaba 3 posibles escenarios para el conflicto, y en el peor de ellos -un conflicto prolongado, al que solo daba un 25% de probabilidad- explicaba qué podía pasar con los distintos tipos de activos: “Renta fija: los rendimientos probablemente caerán de manera más significativa, ya que los altos precios del petróleo y la incertidumbre geopolítica llevarán a los mercados a valorar una mayor probabilidad de recesión”. Sin comentarios.

Al día siguiente, 4 de marzo, AllianceBernstein explicaba que “Las reacciones del mercado mundial de bonos han sido hasta ahora moderadas. Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años habían estado cayendo antes del fin de semana, desde alrededor del 4,3 % a principios de febrero hasta el 3,9 % el viernes. La respuesta inicial al estallido de las hostilidades fue un modesto repunte de los rendimientos; sin embargo, si persisten las condiciones de aversión al riesgo, el próximo movimiento de los rendimientos podría ser a la baja”. ¿A la baja? No precisamente. 

Recalcitrantes

A finales de marzo el conflicto continuaba, lo que no era óbice para que Tiffany Wilding, economista, y Andrew Balls, CIO de renta fija global de PIMCO (2,25 billones de dólares en activos bajo gestión) dijeran el día 27 que  “Los rendimientos de los activos de renta fija más líquidos siguen siendo atractivos, lo que sienta una base sólida para obtener ingresos y rentabilidad impulsados por el mercado. Si a esto le sumamos las oportunidades que surgen de la volatilidad y los errores de valoración, se crea un entorno excepcional para que la gestión activa busque alfa, o una rentabilidad superior a la del mercado en general. Los bonos de alta calidad pueden servir para generar rentabilidad, actuar como colchón frente a la volatilidad de la renta variable, ofrecer una valiosa diversificación si el crecimiento decepciona o el sentimiento de riesgo se deteriora, y proporcionar liquidez que puede reasignarse cuando los mercados se desequilibran”.

Y sentenciaban:“Preferimos una ligera sobreponderación de la duración. En EE UU los bonos del Tesoro siguen siendo una fuente de rendimiento percibida como «refugio seguro» y de beneficios de diversificación de la cartera. Preferimos una exposición más equilibrada a la curva, ya que los rendimientos parecen atractivos en una amplia gama de vencimientos”. 

Comprensible que el CIO de Renta Fija Global de la mayor gestora del mundo, insistiera a finales de marzo en apostar por la renta fija. Si tienes limones, apuestas por la limonada. Pero ¿bonos del Tesoro de EEUU? Con una deuda que rondaba ya los 40 billones, un déficit del 6%, más de 800.000 millones en pago de intereses...  Solo cinco meses después, el bono a 10 años de EEUU ha subido hasta más allá del 5% (el 30 años lo rebasa holgadamente) mientras el alemán supera el 3,5% y el francés el 4,7%, con el español pasando del 4%... Niveles no vistos en 15 años. O desde 1996, en caso del bono a 10 años japonés, que ha rebasado también el 3%. 

A primeros de septiembre Benoit Anne, senior managing director de MFS Investment Management, reconocía que estamos viendo “La tormenta perfecta de los tipos de interés. Los rendimientos de los bonos a nivel mundial están alcanzando nuevos máximos recientes”... Lo que le llevaba a arriesgar una nueva recomendación: “El repunte de los rendimientos ha mejorado las valoraciones de la renta fija para los inversores con un horizonte a más largo plazo. Esto es especialmente evidente en el crédito con calificación investment grade (IG), donde los fundamentales siguen siendo sólidos y los rendimientos iniciales son más altos que en los últimos años. Con el crédito IG estadounidense ofreciendo un rendimiento en torno al 5,50 %, el punto de entrada puede presentar oportunidades para los inversores a largo plazo”... ¿Será verdad?  

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