La rentabilidad por dividendo del S&P 500 no está de enhorabuena. Toca mínimos históricos al situarse en el 1,04%, por debajo del 1,09% que tocó durante la burbuja puntocom, y muy por debajo de su media histórica, que suele situarse entre el 1,8% y el 2,5% anual a largo plazo.
Entre las explicaciones, se encuentra la posición dominante en el índice de las grandes tecnológicas, que, centradas en su proceso de ingentes inversiones de desarrollo, no se permiten aún pagar dividendos.
De hecho, estas grandes tecnológicas globales (como Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta y Oracle) destinan cifras récord de inversión en capital (Capex), previstas entre 650.000 y 745.000 millones de dólares. Este gasto masivo busca asegurar la infraestructura crítica necesaria para dominar la inteligencia artificial y ampliar sus centros de datos
Ya en abril de este año, cuando la rentabilidad por dividendo del índice más representativo de Estados Unidos tocó el 1,24%, Adam Parker, fundador de Trivariate Research, señaló que "el porcentaje de empresas con dividendos se sitúa en el 56,5%, cifra similar a la de los últimos 25 años. Por lo tanto, es evidente que las mayores empresas por capitalización bursátil, con dividendos bajos o nulos, son las que impulsan esta situación".
Como compensación, los inversores se agarran al mayor rendimiento de las acciones. En 2026, el rendimiento de las grandes tecnológicas y de la infraestructura de inteligencia artificial en el S&P 500 muestra un fuerte dinamismo. Compañías de hardware, memoria y servidores como SanDisk, Dell y Micron lideran el índice con ganancias superiores al 200%-400%. El Nasdaq Composite, el índice americano con enfoque tecnológico, acumula una subida cercana al 12,8% en el primer semestre.