Los mercados financieros consideraron durante décadas al sector de la defensa como un sector cíclico con características únicas: pedidos públicos concentrados, elevadas barreras de entrada y ciclos plurianuales vinculados a las tensiones geopolíticas. Se veía como una inversión táctica más que estructural: algo en lo que aumentar la exposición cuando saltaban las alarmas y reducirla cuando las tensiones remitían. Esta perspectiva está quedando obsoleta. No tanto porque la geopolítica haya cambiado -aunque lo ha hecho, y de forma profunda-, sino porque ha cambiado lapropia naturaleza de la defensa. Lo que estamos presenciando no es una aceleración del ciclo tradicional de rearme. Se trata de una reorganización del gasto público y privado en torno a una nueva categoría económica: la seguridad física y digital. La distinción es fundamental. Un ciclo se invierte. Una infraestructura se va construyendo.
El nuevo alcance de la defensa
La transformación se hace patente en la estructura de los programas militares. En la década de 1990, los componentes electrónicos, el software y los sensores representaban menos del 20% del valor total de un sistema avanzado1. Hoy en día, en los sistemas de última generación, esa proporción se sitúa entre el 35% y el 45%2, mientras que la parte mecánica ha pasado de representar más de la mitad del valor a poco más de un tercio3.
No se trata de una evolución técnica marginal, sino de un cambio de paradigma industrial. Un sector que, durante dos siglos, vendió plataformas físicas —tanques, barcos, aviones— se ha transformado en uno que comercializa sistemas integrados de recopilación y procesamiento de información con capacidades físicas incorporadas.
La diferencia económica es sustancial: gastos de capital puntuales frente a ingresos recurrentes, amortización frente a actualizaciones continuas, consumo frente a aumento del valor con el tiempo. Esta lógica ya es visible en las estrategias industriales. Por ejemplo: Rheinmetall, un histórico fabricante europeo de municiones y vehículos blindados con una cartera de pedidos de más de 60.000 millones de euros, tiene como objetivo generar entre 8.000 y 10.000 millones de ingresos digitales para 2030 —potencialmente alrededor de un tercio del total— con márgenes operativos previstos de entre el 17% y el 19%, superiores a los de su negocio tradicional. Indra Sistemas, líder español en sistemas de radar y gestión del tráfico aéreo (ATM), con una cartera de pedidos de unos 9.500 millones de euros, aspira a alcanzar los 10.000 millones de ingresos para 2030, con márgenes superiores al 14%, impulsados por actividades de alta tecnología.
El contexto macroeconómico: del umbral al mandato
Este cambio industrial forma parte de una transformación estructural del gasto.
Se prevé que el gasto militar mundial aumente en unos 900.000 millones de dólares, superando los 3,6 billones en 2030 y elevando su peso sobre el PIB mundial hasta cerca del 3%. Pero la cifra global solo refleja una parte de la realidad.
El cambio más significativo es cualitativo: el paso de una lógica de umbral mínimo a una lógica de mandato estructural. En la Cumbre de la OTAN de 2025 celebrada en La Haya, los aliados adoptaron un nuevo marco de dos niveles: al menos el 3,5% del PIB para la defensa tradicional, más hasta un 1,5% para infraestructuras críticas, seguridad de las redes digitales, preparación civil e innovación, lo que supone un total potencial del 5% para 2035.
Es este segundo componente el que representa la discontinuidad más profunda. No financia plataformas militares, sino la continuidad operativa del sistema económico: redes eléctricas, infraestructura digital, cables submarinos y capacidad industrial.
En 2025, por primera vez, todos los aliados europeos superaron el umbral del 2% del PIB, con un aumento global del gasto de alrededor del 20% interanual. La señal es que la transición ya no es meramente declarativa.
La seguridad digital y la seguridad militar ya no son ámbitos separados. Se convierten en dos manifestaciones de la misma función.
Inteligencia artificial: de la capacidad operativa a la función sistemática
En este contexto, el papel de la inteligencia artificial está evolucionando. El debate se ha centrado durante mucho tiempo en su contribución a la productividad —incluso en el ámbito militar— o en los riesgos asociados. Ambas perspectivas son parciales. La novedad más significativa es que la IA está asumiendo una función sistemática: identificar, diagnosticar y corregir posibles vulnerabilidades en sistemas digitales complejos, y no solo en el sector de la defensa tradicional.
Un ejemplo concreto es Claude Mythos, el modelo desarrollado por Anthropic como parte del Proyecto Glasswing. Nicholas Carlini, uno de los investigadores en ciberseguridad más respetados del mundo, resumió su impacto con una declaración clara: «He encontrado más errores en las últimas semanas que en el resto de mi carrera junta».
Esta capacidad introduce una lógica de mantenimiento continuo que redefine el propio perímetro de la defensa. La protección ya no significa únicamente desplegar plataformas militares: significa garantizar la continuidad operativa de las redes eléctricas, los sistemas de pago, las infraestructuras de comunicación y los cables submarinos. La línea que antes separaba la defensa militar de la seguridad de las infraestructuras civiles se ha vuelto tan difusa que ha perdido toda relevancia. En el mundo moderno, la vulnerabilidad es sistémica y no distingue entre lo físico y lo digital, ni entre lo militar y lo civil.
El Pentágono ya ha incorporado estructuralmente este enfoque. Para el año fiscal 2026, el Departamento de Defensa asignó un total de 179.000 millones de dólares a Investigación, Desarrollo, Pruebas y Evaluación (RDT&E), lo que supone un aumento del 27% con respecto al año anterior. Por primera vez en la historia presupuestaria de Estados Unidos, hay una partida dedicada exclusivamente a los sistemas autónomos y la inteligencia artificial, que asciende a 13.400 millones de dólares. La IA en defensa ya no es experimental; se ha convertido en una categoría permanente del presupuesto federal.
El mercado mundial de la inteligencia artificial aplicada a la defensa refleja esta trayectoria: según las últimas estimaciones, se prevé que crezca de unos 8.500 millones de dólares en 2026 a más de 32.000 millones en 2031, con una tasa de crecimiento anual compuesta de casi el 30%. Es probable que esta cifra subestime la verdadera magnitud del fenómeno, ya que no recoge el gasto en ciberseguridad defensiva distribuido entre los presupuestos civiles y de infraestructuras, ni los fondos clasificados en el marco adicional del 1,5% de la OTAN para la protección de redes e infraestructuras críticas.
Evidencia operativa: Ucrania y la asimetría de costes
Esta transformación queda validada empíricamente por los conflictos recientes. La guerra en Ucrania ha demostrado claramente que la relación entre el coste y la capacidad operativa ha cambiado. Los sistemas autónomos que cuestan apenas unos cientos de dólares pueden neutralizar plataformas tradicionales valoradas en entre 3 y 5 millones de dólares. No como una excepción, sino como la norma operativa. Esta asimetría reordena las prioridades de inversión.
Las plataformas siguen siendo relevantes, pero el valor se desplaza hacia sistemas distribuidos, actualizables e integrados. Los drones autónomos, operativos incluso en entornos con gran interferencia y sin depender del GPS, han pasado de ser prototipos a producirse a gran escala en cuestión de meses. Al mismo tiempo, el mercado de las contramedidas contra estas tecnologías está creciendo rápidamente: el segmento de los sistemas antiaéreos no tripulados (UAS), es decir, los sistemas para detectar y neutralizar drones enemigos, se estima en 6.600 millones de dólares en 2025 y se prevé que supere los 20.000 millones en 2030, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 25%.
La cuestión no es una innovación concreta, sino la velocidad a la que se valida y se implementa.
¿Quién se queda con el valor?: el mapa de la cadena de suministro
Si el sector de la defensa adquiere características propias de las infraestructuras, la cuestión ya no es cuánto se va a gastar, sino dónde ese gasto generará un valor perdurable.
El valor tiende a concentrarse allí donde la complejidad técnica, los requisitos de certificación y la integración operativa crean dependencias difíciles de eliminar. El hardware crítico constituye el primer nivel: los programas plurianuales, los altos estándares y las cadenas de suministro limitadas reducen la ciclicidad y aumentan la previsibilidad de los ingresos. El siguiente paso es la integración. Cuando los datos, la IA y los procesos operativos se incorporan a una arquitectura específica, el coste de sustitución aumenta y el modelo de ingresos comienza a parecerse al de la infraestructura digital. Por último, surgen las plataformas soberanas: gestión de datos clasificados, entornos aislados, seguridad certificada. Aquí es donde la convergencia entre la defensa militar y la seguridad digital es más evidente.
Esta transformación tiene implicaciones directas en la forma en que el mercado atribuye valor. Las actividades tradicionales del sector de la defensa siguen tendiendo a reflejar una lógica cíclica, con múltiplos reducidos y una visibilidad limitada. Por el contrario, los componentes más expuestos al software, la integración y la gestión de datos están empezando a mostrar características típicas de las infraestructuras: ingresos recurrentes, mayor estabilidad y, con el tiempo, múltiplos más elevados y sostenibles.
Este es el punto de desajuste. El mercado sigue valorando en parte a la defensa como un ciclo, mientras que una parte cada vez mayor del sector se comporta como infraestructura. La idea subyacente es sencilla: la defensa ya no es un ciclo, sino una estructura de costes permanente. Cuando la seguridad se convierte en una condición indispensable para el funcionamiento de la economía, el gasto asociado deja de ser recortable. Y cuando el gasto adquiere un carácter estructural, el valor se concentra en nodos difíciles de desarticular.
Para un inversor, la distinción relevante no es entre el sector de la defensa y el resto, sino entre la exposición a ingresos recurrentes y la dependencia de ciclos discrecionales.
Ahí es donde se está produciendo la revalorización estructural del sector.
1, 2, 3. Plenisfer Investments analysis of defence companies’ annual reports
4. Rheinmetall AG - Investor Presentation (3 March 2026)
5. Indra Sistemas - Investor Presentation (30 October 2024)
6. Plenisfer Investments analysis of NATO data
7. Nato, The Hague Summit Declaration (25 June 2025)
8. Plenisfer Investments analysis of SIPRI data
9. U.S. Department of Defense, FY2026 Budget Request Overview, June 2025
10. U.S. Department of Defense, FY2026 Budget Request, June 2025
11. Knowledge Sourcing Intelligence, AI in Defense Market: Forecast 2031, 2025, knowledge-sourcing.com