Europa resiste al nuevo shock energético, pero aún debe reforzar su competitividad, según las perspectivas de Deutsche Bank

Deutsche Bank considera que la diversificación energética y las inversiones en infraestructuras han mejorado la capacidad europea para afrontar crisis, aunque los elevados costes energéticos y la baja productividad siguen siendo desafíos estructurales.

Europa se encuentra actualmente en una posición más sólida para afrontar shocks energéticos y geopolíticos que durante la crisis de 2022, aunque todavía está lejos de haber alcanzado una resiliencia estructural. Esta es una de las principales conclusiones del último informe del Chief Investment Office de Deutsche Bank, que analiza el impacto económico de las tensiones en torno al estrecho de Ormuz y compara su evolución con la crisis energética provocada por la guerra de Ucrania.

El impacto de la crisis de 2026 está siendo más limitado que el registrado hace cuatro años. Europa cuenta ahora con una mayor diversificación de sus fuentes de energía, más capacidad de importación de gas natural licuado y cadenas de suministro más flexibles. Además, el contexto macroeconómico es diferente: la demanda es más moderada, las restricciones de oferta se han reducido y el Banco Central Europeo afronta la inflación desde una posición más preparada.

No obstante, una mayor seguridad energética no elimina el impacto económico de unos precios elevados. El coste de la energía continúa por encima de los niveles anteriores a las crisis y supone un lastre para la competitividad de la industria europea. El informe subraya que la región ha reducido el riesgo de sufrir escasez física, pero sigue expuesta a las consecuencias económicas de las perturbaciones de precios.

En este escenario, la inversión se convierte en un elemento clave de la estrategia europea. Los programas comunitarios están impulsando proyectos relacionados con energías renovables, redes eléctricas, almacenamiento, hidrógeno, eficiencia energética e infraestructuras. A ello se suman las inversiones en defensa, ciberseguridad, semiconductores y materias primas críticas, destinadas a reducir dependencias estratégicas y reforzar la autonomía económica.

España aparece entre las economías más resistentes de la eurozona, con una previsión de crecimiento del 1,8% en 2026. Deutsche Bank destaca el papel de la demanda interna, el empleo y la inversión, además de una menor exposición de la economía española a las actividades industriales más intensivas en energía.

En los mercados, las bolsas europeas también han mostrado capacidad de resistencia. Las previsiones de crecimiento de los beneficios del STOXX 600 para 2026 alcanzan el 14,3%, aunque las revisiones al alza están concentradas principalmente en el sector energético.

De cara al futuro, el informe identifica oportunidades en utilities, defensa, industria y tecnología, vinculadas a la transición energética, la digitalización y el refuerzo de las cadenas de suministro. Sin embargo, advierte de que la verdadera resiliencia dependerá de aumentar la productividad, la inversión privada y la competitividad europea.

Redacción Consejeros
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