Seth Carpenter (analista macro global de Morgan Stanley) comenta como los shocks de inflación no subyacente comienzan a ser relevantes para la economía cuando dejan de ser transitorios y persisten más tiempo del que pueden absorber los mecanismos que inicialmente los amortiguan y finalmente se acaban trasmitiendo a la inflación subyacente. Aunque el escenario central sigue siendo de desinflación, el proceso está dejando de ser lineal y el margen de error se está estrechando:
La energía es actualmente la principal amenaza para la inflación subyacente ya que el shock ha resultado más intenso y rápido de lo esperado. Hasta ahora, factores como el uso de inventarios, coberturas, apoyo fiscal o una oferta global más flexible habían ayudado a contener el impacto. Sin embargo, estos colchones se están agotando y las presiones empiezan a trasladarse a los precios de producción. De hecho, ya se observa una aceleración de los PPI en sectores químicos, plásticos y caucho en varias regiones. Aunque una subida de los precios de producción no implica necesariamente un repunte automático del IPC, sí representa el primer paso de una posible transmisión inflacionaria, cuyo impacto final dependerá de cómo evolucionen los márgenes corporativos y la demanda.
La inflación alimentaria también merece atención, especialmente por los efectos de El Niño y el incremento de los precios de los fertilizantes. No obstante, el impacto suele concentrarse en aceites vegetales y productos tropicales más que en los grandes cereales y normalmente tarda varios trimestres en reflejarse plenamente en la inflación. Por ello, aunque representa un riesgo más persistente, actualmente se considera secundario frente al shock energético.
Por otro lado, los problemas logísticos vuelven a ganar importancia. Los desvíos en el Mar Rojo, la congestión en el Canal de Panamá, el encarecimiento de los fletes transpacíficos y las disrupciones vinculadas al Estrecho de Ormuz están reduciendo la capacidad efectiva de transporte a nivel global. Aunque la situación está lejos de los extremos observados en 2021-22, la normalización de las cadenas de suministro había sido un importante factor desinflacionario para los bienes y está desapareciendo. Además, las restricciones logísticas afectan no solo a la energía sino también al transporte de fertilizantes, productos petroquímicos, aluminio y otros insumos industriales clave.