Manuel Maleki (Edmond de Rothschild AM) | Las reservas estratégicas de petróleo de la OCDE superan los 4.000 millones de barriles, el equivalente a unos 40‑50 días de demanda global. Este volumen sugiere, en apariencia, una gran capacidad para absorber shocks. Esa interpretación es engañosa: el mercado del petróleo es un mercado de flujos, no de existencias.
Las reservas estratégicas no son un instrumento de mercado. Son un instrumento de soberanía nacido de la crisis de 1973, pero su arquitectura es, en la práctica, profundamente heterogénea.
La liberación de reservas estratégicas suele interpretarse como un aumento rápido y masivo de la oferta. Esa lectura pasa por alto la restricción central del sistema: la conversión de existencias en flujo. Las capacidades de extracción son limitadas.
Las reservas estratégicas ayudan a absorber shocks, estabilizar expectativas y ganar tiempo. No sustituyen las rutas marítimas ni la infraestructura que sostiene el mercado global.
1. Una aparente abundancia de existencias de productos petrolíferos
En los países miembros de la Agencia Internacional de la Energía, las reservas de emergencia de petróleo de la OCDE superan los 4.000 millones de barriles (Gráfico 1). Esta cifra ha alimentado durante mucho tiempo la ilusión de abundancia. Si añadimos las reservas de las principales economías no miembros —con China a la cabeza—, así como los almacenes comerciales en manos de la industria, el volumen total de petróleo almacenado en el mundo asciende a varios miles de millones de barriles, equivalentes a unos 4050 días de consumo.
Destacamos que Estados Unidos es el mayor contribuyente, con algo más de 800 millones de barriles en reserva, es decir, alrededor de 40 días de consumo (Gráfico 2).
A primera vista, este nivel de existencias sugiere una capacidad significativa para absorber shocks. Esta interpretación es engañosa. El mercado del petróleo es un mercado de flujos, no de stocks. Cada día deben producirse, transportarse, refinarse y consumirse más de 100 millones de barriles. En este sistema, no es la cantidad disponible lo que determina el precio, sino la capacidad de mantener la continuidad de los flujos.
La perturbación en el estrecho de Ormuz encaja exactamente en esta lógica. No es todavía un shock de producción, sino un shock logístico. El petróleo existe, pero ya no fluye con normalidad. En este contexto, la decisión coordinada de liberar unos 400 millones de barriles de reservas estratégicas a comienzos de marzo aparece como una respuesta necesaria. También es, por naturaleza, limitada.
2. 1973: El nacimiento de un mecanismo de seguros
La crisis petrolera de 1973-1974 reveló una vulnerabilidad fundamental de las economías importadoras: su incapacidad para hacer frente a una interrupción repentina del suministro. La respuesta fue institucional. La creación de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en 1974 vino acompañada de una regla sencilla: cada país miembro debe mantener reservas equivalentes a al menos 90 días de importaciones netas.
Este principio se basa en una lógica de seguro. En caso de shock, los Estados deben ser capaces de sustituir temporalmente los flujos que desaparecen. Sin embargo, este marco es, en la práctica, profundamente heterogéneo. Las existencias pueden ser públicas, como en EE.UU., o estar en manos de la industria bajo requisitos regulatorios, como en Europa. Su composición varía entre crudo y productos refinados. Su localización puede ser doméstica o externalizada.
Esta heterogeneidad hace que cualquier análisis agregado sea imperfecto. Y, sobre todo, introduce una distinción clave: no todos los barriles almacenados son igualmente movilizables. Estados Unidos ofrece una ilustración clara. Su Reserva Estratégica de Petróleo (SPR por sus siglas en inglés) está compuesta casi exclusivamente por crudo, almacenado en cavernas salinas. En cambio, los sistemas europeos incluyen una proporción significativa de productos refinados, especialmente diésel. Esta diferencia es crítica en tiempos de crisis. Liberar crudo no equivale a inyectar combustible de forma inmediata en el sistema. Entre ambos está la restricción del refinado.
3. El mito de la liberación inmediata
La liberación de reservas estratégicas suele interpretarse como un aumento rápido y masivo de la oferta. Esta interpretación pasa por alto la restricción central del sistema: la conversión de existencias en flujo.
Las capacidades de extracción son limitadas. En Estados Unidos, la SPR puede, en teoría, liberar hasta 4,4 millones de barriles diarios. En la práctica, los volúmenes realmente inyectados son menores y están sujetos a retrasos operativos. En el caso de una liberación coordinada de 400 millones de barriles, el flujo diario efectivo probablemente se sitúe entre 2 y 3 millones de barriles. Por tanto, se necesitarán unos 100 días para liberar esos 400 millones de barriles.
Esta cifra debe ponerse en perspectiva frente a los flujos que transitan por el estrecho de Ormuz, del orden de 20 millones de barriles diarios. La diferencia es estructural. Los inventarios pueden amortiguar el shock, pero no sustituirlo.
A esta restricción de oferta se añade una restricción natural. En un sistema dominado por existencias de crudo, la liberación de reservas no se traduce de inmediato en un aumento de la oferta de productos refinados. Requiere la movilización de capacidad de refino, que a menudo ya está operando al máximo durante los períodos de tensión.
La historia confirma estas limitaciones. En 2005, tras el huracán Katrina, Estados Unidos recurrió a sus reservas para compensar la disrupción que supuso para el sistema de suministro petrolero del Golfo de México. La intervención evitó interrupciones en el suministro, pero no impidió una subida sostenida de los precios mientras la infraestructura siguiera afectada. De manera similar, durante la Guerra del Golfo en 1991 o las liberalizaciones de mercado de 2022, el efecto sobre los precios fue real pero temporal, y dependió en gran medida del contexto global (Gráfico 3).
Estos episodios ilustran una constante: las reservas estratégicas no actúan como un sustituto del suministro, sino como un estabilizador de expectativas. Reducen la probabilidad de un escenario extremo, pero no alteran de forma fundamental el equilibrio del mercado.
4. China: una excepción en el corazón del sistema
Cualquier análisis de las existencias petroleras estaría incompleto sin incluir a China.
Desde los años 2000, China ha construido un sistema de reservas estratégicas a gran escala, estimado en cerca de 2.000 millones de barriles, a lo que se suman importantes existencias comerciales en manos de empresas estatales. Estos volúmenes siguen siendo difíciles de medir con precisión. La opacidad es una parte integral del sistema, pero estimamos que China dispone de más de 120 días de consumo de petróleo y productos petrolíferos (Gráfico 4).
A diferencia de los países de la Agencia Internacional de la Energía, China no está sujeta a obligaciones de coordinación. Utiliza sus existencias como un instrumento flexible de política económica y energética.
Históricamente, China ha adoptado un enfoque contracíclico. Ha acumulado reservas en períodos de precios bajos y ha reducido sus compras cuando los precios eran elevados. En una crisis, puede optar por liberar volúmenes para estabilizar su mercado interno, pero también por preservar sus reservas para asegurar suministros futuros.
Esta libertad estratégica convierte a China en un actor clave. Según las decisiones que adopte, China puede amplificar o mitigar los efectos de las políticas aplicadas por los países occidentales. Introduce así un nivel adicional de incertidumbre en un mercado ya dominado por las expectativas.
5. El largo plazo: la reposición como una restricción invisible
El análisis de las reservas estratégicas no puede limitarse a su liberación; también debe tener en cuenta su reposición. Un barril liberado hoy tendrá que ser recomprado mañana. No se trata de una simple hipótesis, sino de una restricción estructural. La cuestión no es si las reservas se repondrán, sino a qué ritmo y en qué condiciones.
En el caso de una liberación de 400 millones de barriles, una reposición distribuida a lo largo de tres años equivaldría a aproximadamente 0,35 millones de barriles diarios. En un horizonte de cinco años, este flujo descendería a unos 0,20 millones. Estos volúmenes son modestos a escala del mercado global. No son suficientes para invertir un ciclo.
Este análisis basado únicamente en volúmenes es insuficiente. La reposición de las reservas estratégicas introduce un tipo específico de demanda: demanda institucional, en gran medida insensible a los precios de corto plazo y potencialmente predecible.
La experiencia reciente de Estados Unidos ilustra este punto. Tras la liberación de 2022, las autoridades estadounidenses condicionaron las recompras a un rango de precios considerado aceptable, en torno a 67–72 dólares por barril. Esta estrategia transformó la reposición en una señal. Introdujo un comprador creíble en determinados niveles de precios, modificando así la distribución de expectativas.
La perspectiva de compras gubernamentales puede contribuir a estabilizar la estructura de precios a lo largo del tiempo.
La historia muestra, sin embargo, que este efecto sigue siendo difuso. Tanto después de 1991 como después de 2005, las inyecciones de capital se distribuyeron a lo largo del tiempo y tuvieron poco impacto inmediato. Introdujeron una restricción intertemporal sin generar presiones inmediatas.
Las inyecciones de capital actúan, así como un mecanismo de estabilización, no como un motor de crecimiento. No transforman los fundamentos del mercado; simplemente ajustan los márgenes.
Conclusión — La paradoja del petróleo
La liberación de reservas estratégicas pone de relieve una paradoja fundamental del mercado petrolero.
El mundo dispone de volúmenes significativos de petróleo almacenado. Sin embargo, sigue siendo profundamente dependiente de la continuidad de los flujos de suministro. En este sistema, la restricción no es la existencia de inventarios, sino su circulación.
Las reservas estratégicas ayudan a absorber shocks, estabilizar expectativas y ganar tiempo. No sustituyen las rutas marítimas ni la infraestructura que sostiene el mercado global.
Su eficacia inmediata suele estar sobreestimada. En cambio, su papel en la formación intertemporal de los precios sigue siendo ampliamente subestimado.
En última instancia, las reservas estratégicas no son una herramienta para transformar el mercado petrolero. Son un barómetro de su funcionamiento.