Viejos fantasmas en Reino Unido Dejando la guerra a un lado, el martes el protagonismo recaía sobre Reino Unido y la crisis de gobierno que amenaza al primer ministro laborista, Keir Starmer y las presiones a las que se enfrenta después de haber obtenido el pasado domingo el peor resultado de un partido gobernante en las elecciones locales desde 1995. Principalmente hacía mella la pérdida de poder en Tameside, en el Gran Manchester, por primera vez en casi 50 años, y en la cercana Wigan, que habían controlado durante más de medio siglo.
Los malos comicios llevaban a que Starmer esté enfrentando presiones cada vez más intensas para que renuncie al cargo. Por el momento, cuatro asistentes ministeriales han renunciado a su cargo, al tiempo que cerca de 80 de sus parlamentarios pidieron públicamente que fijara una fecha de dimisión para que el partido pudiera nombrar a un nuevo líder de forma ordenada. Debemos recordar que, en caso de que Starmer no quiera dimitir de forma voluntaria, desde su partido las normas para el cambio de líder son bastante más restrictivas que en el caso del Partido Conservador.
Éstas requieren que los legisladores se unan en torno a candidatos específicos en lugar de limitarse a expresar voto de censura contra su líder actual. Se podría presentar una candidatura alternativa, que deberá obtener el apoyo del 20% de los diputados laboristas. Dado que el Partido Laborista cuenta actualmente con 403 escaños, eso equivale a 81 apoyos para el posible candidato. De haber sólo un candidato, éste sucedería a Starmer como mandatario, mientras que, en caso de que más de uno consiga esos apoyos, el ganador se decidiría mediante una votación de todos los miembros y afiliados del Partido Laborista.
Como era natural, los mercados han mostrado su nerviosismo, desde primera hora de la mañana, ante la inestabilidad política que generaría en el Reino Unido un cambio de Gobierno. La deuda pública a 30 años tenía este martes el tipo de interés más alto desde 1998, el 5,79%. A esto hay que sumarle los problemas subyacentes generales y globales. La guerra de Irán ha disparado la inflación mundial y los bancos centrales tienen que considerar las subidas de tipos. El breakeven de inflación a 10 años en Reino Unido ha vuelto a subir de manera clara hasta el 3,537% mientras que la curva OIS otorga una probabilidad de un 70% a que el BoE tenga que acometer hasta tres subidas de tipos.
Asimismo, el aumento de los costes energéticos también repercute negativamente en los consumidores, lo que ha generado peticiones para que los gobiernos compensen el impacto con un mayor gasto. Esto empeora su situación fiscal y ofrece a los inversores otro motivo para evitar la deuda pública. Una de las razones por las que las ventas han sido más pronunciadas en el Reino Unido es que la presión sobre el Partido Laborista para flexibilizar las normas fiscales es ahora más aguda tras su pobre resultado electoral. El aumento más pronunciado en los rendimientos de los bonos británicos agravaría la caída de la libra esterlina. La ausencia de una caída mayor hasta el momento se debería en parte a las fluctuaciones del dólar, que ha estado marcando la dirección intradía en un momento de menor volatilidad, aunque ayer el USDGBP caía en más de medio punto porcentual hasta el 1,354.