La actividad de fusiones y adquisiciones está repuntando. Pero la forma de aprovechar estas oportunidades también importa.
El entorno de fusiones y adquisiciones ha cambiado considerablemente durante el último año. Un sólido flujo de operaciones, un contexto regulatorio favorable y unos resultados positivos en el cierre de las transacciones se han combinado para generar un abanico de oportunidades más amplio y atractivo. Pero no basta con que existan oportunidades: también importa cómo acceden los inversores a ellas. A nuestro juicio, el entorno actual favorece especialmente no solo el arbitraje de fusiones, sino su aplicación mediante un enfoque sistemático.
Hay varias razones para ello. En primer lugar, hemos observado una caída en las tasas de deal break, es decir, en el porcentaje de fusiones o adquisiciones anunciadas que finalmente no llegan a completarse. Esta tendencia ha eliminado una posible fuente de presión sobre la rentabilidad y, además, ha reducido los plazos de cierre, permitiendo a los inversores monetizar sus posiciones y reinvertir el capital con mayor rapidez. La competencia entre compradores también ha aumentado, lo que puede generar un potencial alcista significativo para quienes operan estrategias de arbitraje.
Por qué tiene sentido un enfoque sistemático
Pero la ampliación del universo de oportunidades es solo una parte de la historia. En nuestra opinión, también ha cambiado la propia naturaleza de estas oportunidades. Un menor número de operaciones fallidas puede reducir la dispersión entre los resultados de las distintas transacciones. Y esto es relevante porque, históricamente, una parte importante del alfa generado por las estrategias tradicionales de arbitraje de fusiones procedía precisamente de evitar aquellas operaciones que acababan fracasando.
Cuando son pocas las transacciones que no llegan a término, los gestores discrecionales tienen menos margen para diferenciarse a través de la selección de operaciones.
Dicho de otro modo, cuando los resultados son más predecibles, puede ser más valioso adoptar un enfoque amplio que ser selectivo. En este tipo de entorno, creemos que el objetivo no debería ser concentrar el riesgo, sino diversificarlo al máximo. Un enfoque sistemático está precisamente diseñado para ello, manteniendo exposición simultánea a un gran número de transacciones.
Al mismo tiempo, el aumento del volumen de operaciones puede dificultar que los gestores discrecionales analicen de forma exhaustiva todas las oportunidades disponibles. Esto refuerza potencialmente el valor de un proceso de inversión escalable, consistente y repetible.
La eficiencia de los spreads de las operaciones
Una de las características que definen el arbitraje de fusiones es la relativa transparencia de la oportunidad de inversión. En nuestra opinión, toda operación debería permitir responder a cuatro preguntas fundamentales:
- ¿Cuál es el potencial de rentabilidad si la operación sale adelante?
- ¿Qué probabilidad existe de que el escenario previsto se cumpla?
- ¿Cuál sería la pérdida potencial si no ocurre?
- ¿Cuánto tiempo habrá que esperar para obtener esa rentabilidad?
Por lo general, las respuestas son bastante claras. Los inversores saben, por ejemplo, cuánto pueden ganar si una adquisición se completa porque el valor final está establecido contractualmente. Tampoco necesitan adivinar cómo valora el mercado la probabilidad de cierre, ya que esa expectativa queda reflejada en el precio de la acción.
Si una compañía va a ser adquirida por 100 dólares por acción y cotiza a 99,50 dólares, queda poco tiempo para que se complete la operación y el potencial de caída en caso de ruptura es limitado, el mercado está reflejando, en la práctica, una probabilidad elevada de que la transacción llegue a buen puerto.
Naturalmente, también existen riesgos a la baja. Estos escenarios pueden estimarse a partir del precio al que cotizaba la acción antes de anunciarse la operación y observando cómo se han comportado desde entonces otras compañías comparables.
El proceso de aprobación de una operación también es relativamente concreto. Incluye periodos de revisión establecidos que permiten a los inversores apoyarse en un amplio historial de transacciones similares como referencia.
A medida que herramientas como el machine learning y la inteligencia artificial se generalicen, esperamos que una mayor capacidad para procesar información permita evaluar los riesgos de cada operación de forma más rápida y exhaustiva. Si los mercados se vuelven cada vez más eficientes, generar rentabilidades extraordinarias únicamente mediante análisis discrecional podría resultar más difícil.
En ese contexto, puede tener más sentido para los inversores capturar de forma consistente la prima de riesgo incorporada en los spreads de las fusiones que tratar de identificar individualmente operaciones supuestamente mal valoradas.
El papel de la diversificación y los límites de la selección de gestores
El arbitraje de fusiones presenta, por naturaleza, un perfil de rentabilidad asimétrico. La mayoría de las operaciones generan beneficios modestos cuando se completan, mientras que un pequeño número de operaciones fallidas puede provocar pérdidas considerablemente mayores.
Esta asimetría también tiene implicaciones importantes a la hora de seleccionar gestores. Dado que históricamente solo unas pocas operaciones fracasan cada año, las diferencias de rentabilidad pueden estar condicionadas de manera desproporcionada por la exposición a un número muy reducido de transacciones.
El universo invertible de la mayoría de las grandes estrategias de arbitraje de fusiones suele situarse entre las 100 y las 150 operaciones al año. Si alrededor del 5 % no se completa, estaríamos hablando de entre cinco y siete operaciones fallidas anuales.
Por tanto, la rentabilidad relativa de los gestores dependerá en gran medida de si estuvieron expuestos a esas pocas operaciones y del peso que tuvieron en sus carteras.
Un gestor que haya evitado varias transacciones problemáticas puede superar al mercado, ya sea por la calidad de su proceso o simplemente por azar. En la práctica, esto significa que los inversores deberían utilizar horizontes temporales más largos para evaluar la capacidad real de un gestor, estimar adecuadamente la variabilidad esperada de sus resultados en función del entorno reciente y analizar cuidadosamente las comisiones.
Una vez más, creemos que una implementación sistemática puede ayudar a reducir el riesgo de concentración y limitar el impacto de cualquier operación individual. La rentabilidad pasa así a depender de una exposición repetible y diversificada a la prima de riesgo asociada a las fusiones, y no del éxito o fracaso de unas pocas transacciones concretas.
En nuestra opinión, el arbitraje de fusiones ofrece en 2026 una combinación especialmente atractiva de fundamentos y características estructurales. La actividad corporativa está aumentando, los resultados de las operaciones completadas siguen siendo favorables y el universo de oportunidades continúa expandiéndose.
Pero en un entorno marcado por altas tasas de cierre, una eficiencia de mercado cada vez mayor y distribuciones de rentabilidad asimétricas, creemos que los argumentos a favor de una amplia diversificación, una ejecución disciplinada y una exposición sistemática a la prima de riesgo de las fusiones son hoy más sólidos que nunca.