En la reunión del 11 de junio es muy probable que el BCE suba sus tipos de interés oficiales en 25 puntos básicos, en línea con su reciente comunicación de tono restrictivo (hawkish). Más allá de esa fecha, las perspectivas de política monetaria se vuelven más complejas, ya que el Consejo de Gobierno debe equilibrar una inflación persistentemente elevada con una actividad económica en debilitamiento.
La inflación se está ampliando, las expectativas de inflación han repuntado ligeramente y la caída de los tipos reales aboga por mantener un sesgo restrictivo. Al mismo tiempo, el crecimiento se está desacelerando, las condiciones de crédito se han endurecido y aún hay pruebas limitadas de efectos de segunda ronda generalizados en los salarios. Además, la política monetaria no puede abordar las causas fundamentales de un shock de oferta.
Por ello, la subida de tipos de junio serviría principalmente para preservar la credibilidad antiinflacionista del BCE y ayudar a anclar las expectativas. Pero, dado que las esperanzas de un acuerdo de paz en el conflicto de Irán vuelven a desvanecerse y los riesgos de estanflación siguen siendo elevados, es probable que la presidenta Lagarde quiera mantener abierta la posibilidad de nuevas subidas si fuera necesario.